domingo, 31 de octubre de 2010

El tiempo pasa... pero que cojones!!!!

Hace unos días frente a un semáforo, me quedé extasiada mirando la forma de las nubes, las palomas posadas en los cables eléctricos, y como un flashazo recordé que Marlon Brando escribió en su autobiografía que entre las mejores cosas de envejecer es que uno comienza a percatarse, y disfrutar, los pequeños detalles de la vida como el paso de una hormiga, una puesta de sol... Cuando cambió la luz, metí la pata en el acelerador y salí chillando gomas como una demente, porque la idea de envejecer comenzó a tomar fuerza en mi cabeza y recordé mis miedos sudorosos de niña cuando pensaba en la muerte, y apretaba fuerte los ojos para espantar la sensación fúnebre que me helaba la piel al imaginarme como sería morirse.
Llevaba muchos años sin pensar en la muerte y de súbito, la muy hijae'sumadre empezó a aparecerse desde unos meses para acá, justo desde que comencé a escudriñar cada foto que me hago buscando signos de envejecimiento, porque coño, yo no siento que estoy envejeciendo aunque todos a mi lado me recuerden que cumplí 40, y miro cada foto minuciosamente como quién busca pistas en la escena del crimen. De tanto mirarlas, ya casi estaba convencida que todo era una farsa, que la vejez de mierda no había llegado, y otra vez pude extasiarme mirando las matas de mi balcón, sin sentirme culpable como una abuelita que le quedan instantes de vida. Hasta comencé a coleccionar halagos: "mija pero si tú no pareces tener 40", "para tu edad tú te ves muy bien", y cosas por el estilo, sin ofenderme cuando recalcaban "para tu edad".
Repito, todo iba volviendo a la normalidad hasta que empezaron a aparecer viejos amigos. Empezaron a aparecer por todos lados, en vivo y a todo color, por Facebook, por email y algunos, -aclaro que no son todos, así que no quiero ofendidos- se ven viejos, demasiado viejos y otra vez tuve el flashazo, aquella tontería de "el efecto espejo" y me vi reflejada en ellos. Inmediatamente me puse monotemática y repetitiva: "¿Yo me veo así? ¿Yo me veo así?". Y se lo preguntaba incesantemente a los socios a mi alrededor logrando que algunos me mandaran bien lejos. Y la bobería del espejo empezó a taladrarme la cabeza, y otra vez la visión fúnebre atacó mis momentos de ocio.
Para colmo se apareció Carola con un drama en tres actos sobre la vejez diciéndome: "mami yo no quiero que te pongas viejita como mi abuela, ponte a hacer ejercicios". Y por mucho que le expliqué que los ejercicios no resuelven eso, que la cosa era de mucho dinero y cirugía, la Carola seguía con su drama. Llegué a la conclusión que era una conspiración en mi contra, querían destruirme. Me deprimí, odié a Gardel y sus veinte años no es nada, las citas de famosos hablando de las delicias de envejecer y ya tenía hasta un cartel grabado para el carro que decía: "I'm a Medicare person", cuando se apareció El.
No lo veia hacía 15 años y en aquella época era uno de los tipos mas "jevosos" de la Escuela de Arte. Era bonito, inteligente y famoso, tres cosas muy dificiles de conjugar en una misma persona porque sabemos que nadie es perfecto. Estaba en Miami por el intercambio cultural. Me agarró de sorpresa, llegó al Canal para promocionar lo suyo y un amigo común me lo trajo a mi escritorio. "Oeee, mira a quien te traje!!! ¿Ustedes se conocen, no??" Ya saben, besos, abrazos, emoción, ¿te acuerdas?, claro que me acuerdo. Y cuando lo enfoqué bien, cai en shock. "¿Tu sigues en Cuba, no?" le pregunté a rajatabla y El huyó la vista, "¿Se me nota mucho?" Me regañé mentalmente, siempre olvido que no se puede verbalizar todo. Pero coño, El estaba destruido, el tipo era un esperpento, mas gris que una tarde de aguaceros y mas flaco que Rocinante, y una mirada de loco que ni te cuento, ademas que mandaba 5 cigarros por hora sin pausa. Coño que si no vivía en Cuba, estaba regresando de la droga, pero el tipo estaba hecho mierda, en mayúsculas y subrayado. Después del momentico "tragame-tierra-que-siempre-meto-la-pata", vino la conversación usual: "¿y tú que haces?" "nada, mis cositas. ¿y tú?" "ya ves, aqui, tengo una niña, bella, jodedora, en Miami, hace tiempo, me va bien, ¿y tú qué?" "nada ahí". Y de pronto se le iluminaron los ojos, me escaneó de arriba-abajo, de alante-patrás y me soltó "te ves bien, igualitica, no has cambiado, es mas, te ves mejor". Y me dió pena por El, por su brillo triste en los ojos al mirarme, por su estampa, porque mierda, El estaba destruido y después de ser bonito, inteligente y famoso en Labana, ahora no era nadie, ni siquiera tenia un hijo, dudo que hubiera sembrado un árbol y por lo que veo, no hay intenciones de escribir un libro, ¿que le pasó a este tipo? Y me dió mucha pena.
Y reaccioné, salí del coma existencial que tenía, me acordé de la Patrona que siempre dice "cuenta tus bendiciones y no tus maldiciones", y las conté una a una, bien despacio. Rompí mi cartelito del carro, puse a Gardel a todo volumen y le di las gracias a Yemayá por estos 40 años, por mi vida, por mi bella Carola, por el trabajo que tengo a pesar de los tiempos de crisis -y que además, trabajo en lo que me gusta y en lo que estudié-, por los amigos, por las palomas posadas en el poste, por haber escapado del sin futuro de la Isla y por no haberme quedado allí, detenida. Di las gracias y me sentí Miss Universo, se lo conté a todos en el Canal porque a la mierda eso de que no todo hay que verbalizarlo, y acepté, acepté los ejercicios que me propone Carola, aunque no resuelvan nada e igual siga envejeciendo, y acepté que sí, que el tiempo pasa y nos vamos poniendo viejos, pero como decía mi abuela, el problema es vivirlos con calidad y a mí que me quiten lo bailaó. Porque señores a esta altura del Campeonato, realmente que me quiten lo bailaó, y si no que cojones, ahí estaba El para recordármelo -y que me disculpe- pero así son las ironías de la vida, pero ya sé que cuando regrese al cliché de la crisis, lo único que tengo que hacer es recordarlo a El y que cojones!!!... digo yo.

sábado, 23 de octubre de 2010

Las mil Cuba de Miami

A veces es muy difícil convivir con tantos cubanos en esta gran torre de Babel que es Miami. Y es que los cubanos de cualquier generación en Miami - y entiéndase por generación en el exilio, según la fecha de emigración-, aunque nos parecemos demasiado, estamos claramente divididos en nostalgias y maneras de ver la vida.

Cuando llegué a Miami enseguida comprendí que había varias Cuba y que cada cual era según la generación que la recordara.
La primera Cuba que me chocó fue la de "los viejitos del Versailles", aunque era la Cuba de mi abuela y de mis padres en su infancia, no era la Cuba que ellos me habían contado. Entonces me sentí muy lejos de esa Cuba que por mas que quisiera no tenía nada que ver conmigo. Además, "los viejitos del Versailles" son muy obstinados, basta que les diga que naciste en Cuba y que llegaste hace poco, y enseguida empiezan a mirarte como si tuvieras culpa de la hecatombe cubana. Un día en una guagua camino al College por la Calle 8, no pude mas con uno de esos viejitos y le contesté: "es cierto señor, pero si no fuera por ustedes Cuba no fuera lo que es hoy, discúlpeme, pero yo no aplaudí la llegada de Fidel a Labana, cuando nací ya todo estaba así. ¿Que usted quería que yo hiciera si ustedes los que lo pusieron, se fueron y nos dejaron solos?". Creo que no le gustó mucho mi comentario porque me dijo con los dientes apretados que todos los balseros éramos unos comunistas que sólo veníamos a Miami a matar el hambre y hacer dinero. No sé si tenia razón en lo de matar el hambre y hacer dinero, pero sí sé que ese día sentí una tristeza infinita, salía de un país donde las discusiones políticas dividían familias y llegaba a una ciudad donde las discusiones políticas dividían generaciones. Y me acordé de mi padre, los extremos siempre son malos.
Al día siguiente un buen amigo amigo fotógrafo me aconsejó que dejara en paz a los viejitos del Versailles que andaban armados, y cualquier día me meterían un tiro en plena Calle 8. Y dejé en paz a los viejitos del Versailles, no porque tuviera miedo de recibir el tiro si es que era cierto que andaban armados, sino porque con el tiempo comprendí su dolor. De cierta manera mi gorrión, era muy parecido a su gorrión. Los dejé en paz y aprendí a convivir con la Cuba de cada cual.
Estaba en paz con mis Cubas conciliadas hasta ahora que Carola llegó pidiéndome que le cuente de Cuba porque su teacher celebrará el mes de la Hispanidad con Cuba.
Respiro profundo y empiezo a contarle que Cuba es el mono Pancho del Zoológico de 26, el yogur de sabores y la gaceñiga de cuadritos de fruta del Almendares, los perros calientes del Parque Lenin, caminar por la Rampa y sentarse en el Malecón, abanicarse con cualquier cartón porque el calor está de madre, mataperrear por el barrio con los chiquillos sin camisa, en chivichana o "patines de rueditas", la escuela primaria con el uniforme rojo y blanco, las matas de marpacífico de mi abuela, los helechos sembrados en una palangana en un balcón cualquiera, los portales húmedos, la beca, los conciertos y los festivales de todo tipo, los amigos de la Plaza de Armas, el picadillo de soya, los masarreales de la merienda que se pegaban al cielo de la boca, Coppelia que arriba era mejor y hacían unos batidos helados que pa' que, y los pollos fritos del Pio Pio, y vamos pal Yara que estrenan una pelicula americana, y el pitusa con los popis del sábado por la noche, y el cigarro Popular escondido, y la botellita de menta que luchamos, y los juguetes que no te toquen el sexto día porque entonces ya no queda nada...
Y Carola que siempre se acuerda de todo va y le cuenta a su teacher que es hija de cubanos, -de algún viejito del Versailles- y regresa por la tarde diciéndome que no, que Cuba no es eso. Que Cuba es Olga Guillot -pero ni se oía allá-, Celia Cruz y Willy Chirinio, y los mojitos con Bacardí limón, -que no Carola que el mojito no se hace así-, y una guayabera almidonada los domingos -las guayaberas eran para cheos, Carola-, y el dominó en un patio colonial -el dominó se juega donde quiera Carola, en un solar, en una esquina, en la casa de la playa-, y Varadero es la única playa, -no Carola, también existe Santa María y el Megano donde acampaba con los socios-, Cuba es el baseball -se llama pelota, Carola, pelota-, y los bailes de Casino con orquestas trajeadas, y los buenos barrios del Vedado, Nautico, Miramar, -Carola ya no existen buenos barrios, el Diablo Castro jodió todo-, y un arroz moro, plátanos maduros fritos y vaca frita -¿carne? en Cuba la carne es más sagrada que las vacas de la India, Carola en Cuba se come lo que se resuelva-, y el Floridita y la Bodeguita -son para extranjeros-, y los chevrolet del 56 -y los lada, los moscovich, los polaquitos-, y la Coca Cola con una señorita de chocolate en un bakery -Carola en Cuba no hay bakery y la Coca Cola se llama refresco negro-, y la palma, el bohío en el Valle y un tabaco pinareño -Carola yo no extraño la palma y mucho menos el bohío, tampoco el Tocororo porque nunca he visto un Tocororo en mi vida-, y Carola se me enreda con las Cubas.
Y yo que pensaba que ya estaba en paz con los viejitos del Versailles, que ya tenía las Cubas conciliadas me doy cuenta que no, que siempre Cuba será esa, el gorrión de cada cual irremediablemente posado en el cable del poste. Y le digo a Carola: tranquila Carola, Cuba somos tu papá y yo, tus abuelitos, tu familia en España, y cada cubano donde quiera que esté y la ame por encima de todas las cosas, tranquila, sólo cuéntale a la teacher quienes somos nosotros y ella te entenderá. Y Carola se duerme suspirando, tratando de conciliar sus Cubas y soñando con una Cuba que no sé si algún dia conocerá.
Y es que a veces en Miami es muy dificil convivir con tantos cubanos diferentes... digo yo.

martes, 19 de octubre de 2010

Nostalgias y recuentos. (Un homenaje a mi madre)

Labana escapa entre ruinas todas las noches de mi vida. Cierro los ojos y tengo a Labana a mis pies y decido caminarla, sin cansancio, como hacía cuando vivía dentro de sus intestinos. Hace 10 años que no la camino, que no la huelo, que no la saboreo, que no la toco y me duelen las uñas de perseguirla en mis pesadillas. Cierro los ojos y camino bajo el sol apestoso a uniforme de escuela, a grajo de negro, a humedad de solares, a pan, a basura amontonada, a bistec con mucho ajo, agua encharcada, puerco criado en bañadera, cierro los ojos. Ahí está Labana, esa ciudad perdida clavada en el medio del pecho que a medianoche me gotea la nostalgia. Una ciudad maldita cargada de paranoicas sombras desveladas, deambulantes fantasmas esmeraldas que brillan su letanía como una desentonada balada. Labana, esa ciudad que tengo deshecha a grietas y barandas, a hierros forjados y persianas, a techos de vitrales rotos, a portales malditos enloquecidos en multitud. Cierro los ojos y camino, camino, camino Labana, esa ciudad única, agazapada como una mujer abandonada besando el muro de las esperanzas -y las desesperanzas-, una ciudad podrida en salitre mañanero, en meao de borracho y en buchitos de alcolifan. Olvidada. Labana, una ciudad penando como solo penan las separadas, y aquel mar inmenso, azul, democrático -como dijera alguien- penetrándola, a veces macho cabrío, a veces amante afeminado con crestas casiazules de espuma en sus putipiernas abiertas, Labana. Cierro los ojos y definitivamente tengo esta ciudad, Labana, ciudad perdida en el medio del pecho que a ratos se desvanece, se desvanece, se desvanece y me atormenta que se vaya, para siempre, que no regrese a castigar mis pesadillas y a rajar mi boca sedienta de su churre, de sus gritos al mediodía, de suspiros, gemidos y cachondeo. De los amigos que no existen y que imagino, o que no imagino porque existen. Esta ciudad, Mi Habana, Labana rasgada en mis vestidos de niña, viene y va, va y viene cuando cierro los ojos, y me atormenta, me atormenta la añoranza. Puta Habana... digo yo.

domingo, 17 de octubre de 2010

El sexo y yo (Un tema no apto para todos los amigos)

La culpa la tiene mi madre que cuando comencé a preguntar sobre sexo y ya sabía leer, me regaló "Cuando tu hijo te pregunta" y "Antes de que nazca un niño", dos libros rusos que explicaban el asunto de la A a la Z con "dibujitos" incluidos. Uno era para los padres, pero mi madre entendió que era lo suficientemente inteligente como para volverme autodidacta en el tema, y decidió que indagara los dos lados: la visión infantil y la paterna. Después, cuando tenía como 11 años y la menstruación era inminente, además que empezaba en la beca, me regaló "Piensas ya en el amor", otro libro ruso que siempre perseguía por mi casa porque mis primos lo escondían en el baño para masturbarse con la foto de la adolescente desnuda frente al espejo. -En Cuba a pesar de la promiscuidad social, no habían muchas opciones sexuales con la prohibición de la pornografía y la prostitución-
Mi madre, que siempre ha sido una temática liberal, prefirió que supiera todo desde temprano y quedarse a la espera de dudas y debates sobre lo que aprendía de mis lecturas nocturnas. Unas lecturas que no despertaban todavía -a esa edad- mis deseos sexuales, pero que me volvieron una instruida a profundidad en el tema.

Después de las lecturas orientadas por mi madre, vino la experiencia del internado mixto en la beca y el primer novio real. Todavía el sexo no era un asunto que despertara mis deseos carnales aunque sabía teóricamente todo lo necesario, pero toda la parafernalia del beso con lengua y el manoseo en la oscuridad del pasillo aéreo, me parecían asquerosos y aburridos. Hasta tuve un novio que "me botó" porque me negaba a "apretar" con él a la hora de la recreación, y eso que era bello y me encantaba, pero parece que mi lado conservador taurino pesaba demasiado en mi carácter de pubertad.
Pero el grupo... el grupo social ejerce una presión martilleante en las personas, y ya me avergonzaban los comentarios en el albergue donde todas presumían de sus experiencias sexuales y yo no podía aceptar que el asunto me parecía poco llamativo a pesar de mis conocimientos sobre el tema. Así que al próximo novio de turno que me invitó al sexo, le acepté la propuesta y de pronto me vi enredada en un aula oscura, con el corazón en la punta de la boca, en un traqueteo novato de sacadera de ropa, toqueteo y besuqueo. Entonces coordinarlo todo en una sola operación era super difícil, mi cerebro todavía no procesaba todas las acciones en conjunto y la torpeza era dueña de la situación. Y lo peor era que no le confesé al novio que era mi primera vez, así que demostrar que era una experimentada en el asunto, lo hacía mas complicado de ejecutar. Finalmente y créanme que no recuerdo como, aquello estaba dentro de lo mío, un dolor intenso, tres movimientos rápidos - casi todos de él- y un espasmo convulsivo con un silencio - también todos de él-. Y yo estaba ahí, sofocada y alborotada, embarrada de saliva y semen con los créditos finales subiendo en la pantalla. "¿Y esto es el sexo!!!!????" Definitivamente era una mierda y me habían engañado, tanto mis amigas como los libros que me regaló mi madre. - Lo de embarrada viene porque los preservativos no se usaban ni tenían la fama y publicidad de ahora, y por culpa de esta ignorancia sufrí un aborto muy temprano, pero esa historia la cuento otro día-
Pero otra vez mi madre que seguía paciente a la espera de mis dudas y debates, me alentó a que el sexo era mucho mas que una experiencia desagradablemente húmeda y apurada en un aula de una secundaria en el campo. Aclaro, nunca le mencioné a mi madre que era yo la de las dudas, siempre le hablaba en tercera persona, comentando mis dudas como si fueran las dudas de mis amigas. Así que mi madre hablaba de lo maravilloso del sexo no para que yo supiera que mi experiencia era una mierda, sino para que le contara a mis amigas "dudosas" y para que yo supiera que cuando me llegara el momento, tenia que abrirme a todas las sensaciones inimaginables sin censura ni prejuicios. Pero yo seguía mas cerrada que una ostra y mas renuente que una vaca camino al matadero. Finalmente ese novio, él de la primera vez que él nunca sospechó que fue la primera vez, me botó por mi poco entusiasmo sexual.
Vino otro que duró un poco mas porque era mas romántico, mas paciente y tenía menos urgencias sexuales porque traía la experiencia de una relación con una mujer mucho mayor. Ahí me dejé llevar en la experimentación aunque el orgasmo lo tuve que perfeccionar durante años masturbándome. Al principio era chocante tener que recurrir a la masturbación para alcanzar el clímax -lenguaje usado en los libros- y fue una de mis primeras rebeliones feministas contra la naturaleza -todavía no sabía de Dios ni de religión porque fui criada en una familia atea y comunista-. Tenía la convicción que fuimos creadas con cierto prejuicio machista y que era injusto que ellos alcanzaran el clímax y nosotras nos quedáramos en banda, y que ademas nos tocara la parte de la maternidad. Era injusto, así que la naturaleza tenía que desenmascararse y demostrar que mas que ella, era él. Definitivamente "ella" -la naturaleza- era un macho machista. Pero con este novio comenzaron otros problemas: el sexo oral. Aquello si no estaba en los libros -recuerden que los libros consultados hablaban del tema de la reproducción y por tanto, el acto sexual era solo mencionado como la vía de reproducción, así que los dibujitos no ilustraban mucho mas allá de la posición del misionero-. Nadie me explicó en detalles que aquello dentro de la boca era necesario, gratificante y placentero. Así que otra vez relució mi lado conservador taurino y no faltó nada para que volviera a la época del hueco en la sábana.
Otra vez mi madre, aclaró dudas y se sumó en el debate pero el asunto de la boca y los genitales todos juntos y revueltos, no acababa de agradarme. Ninguna boca en ningún genital, hasta allá llegaba mi negativa. Este novio romántico y paciente también se fue sin gozar de una experiencia plena de sexo oral conmigo, el pobre quisiera pedirle disculpas. A pesar de este incidente, ya por esa fecha yo había logrado quitarme un poco el estigma de frigida entre el grupo social de amigos, y presumía de una experiencia y conocimientos inmensos.
Y llegaron las escuelas de arte. Cuando entré a estudiar en la ENIT fue: "Oh misterio de la vida al fin te encuentro". Aquello si era una bacanal de las buenas. El sexo se olia en el aire. Era un campo de experimentación de todos los sentidos, y el sexo, el alcohol y las drogas eran las vías de alcanzar el Nirvana. Pero no solo me abrí al sexo hablando de sexo abiertamente, disfrutando del sexo abiertamente, compartiendo el sexo abiertamente, sino que también me abrí a casi todo: libros prohibidos que eran intercambiados sin censura, temas prohibidos que se hablaban sin censura, amigos homosexuales, locos, disidentes, exposiciones de arte polémicas, muestras de cine estramboticas, en fin que habia entrado al Paraíso en las mismas narices de la Revolucion y nadie me detenía. Gracias a esa época, hoy sé y he sentido a plenitud, que el sexo y el acto sexual "a lo humano" es una de las cosas mas maravillosas que se ha inventado.
Les cuento todo esto a modo de introduccion porque aquí viene mi preocupacion actual con el sexo, ahora que estoy a la vuelta de todo, que he probado todas las posiciones del Kamasutra, que voy por el ¿? matrimonio y que el sexo lo gozo sin medida, otra vez el maldito sexo me trae con insomnio.
Porque ahora soy madre, y Carola no tiene ni una gota de niña ingenua. Cuando a los tres años, preguntó curiosa si la madre embarazada de un amiguito del Daycare se había comido al bebé y por eso tenía la panza grande y al bebé dentro, enseguida halé por una enciclopedia ilustrada y le expliqué el asunto completo con "dibujitos" incluidos. Carola con los ojos como platos escuchó toda la explicación y al terminar solo preguntó: ¿Como puede salir un bebé por el toto? Mi única respuesta fue: "Porque el toto dilata". No sé si entendió, ni siquiera me detuve a pensar si una niña de tres años sabía el significado de "dilatar", solo sé que nunca mas ha tocado el tema y es un asunto del que se habla sin censura en mi casa. Pero recuerdo a la madre de un amiguito de Carolina que se escandalizó y por poco llama al 911 cuando se enteró que mi hija de tres años sabía todo el proceso con "dibujitos" incluidos, y también recuerdo todas las caras escandalizadas a mi alrededor cada vez que cuento la anécdota.
Y es que les explico, vivo en un país donde los niños se crían en el temor de la relación con extraños y del sexo, donde un niño si habla de sexo en la escuela enseguida se puede desatar una investigación contra los padres. Todos gozan del sexo pero a escondidas, de eso no se habla ni en el trabajo, ni en la calle y es un tema restringido y oculto solo apto para amigos cercanos, en mi caso con casi todos cubanos de mi generación que crecimos sin prejuicios sexuales en escuelas al campo y podemos hablar de "templar" abiertamente sin sonrojarnos. -Y eso que como soy políticamente incorrecta hablo de sexo donde quiero pero no quita que he tenido buenos regaños y criticas- Un país donde el sexo abarrota las pantallas de todo tipo, donde no hay series de tv donde no se tiemple ni película de cine donde no se vea una teta, pero que del sexo tenemos que hablar escondidos en el baño lejos de los niños. Un pais liberal para muchos, pero extremadamente conservador para todos. Y en este país estoy criando a Carola, y no es que no me guste el Imperio porque soy de las pocas de mi círculo social que defiendo fervorosamente al Imperio, pero me doy cuenta que este país no tiene un ambiente sano para criar a mi hija sin prejuicios sexuales. Y mucho menos después que Clinton afirmara que el sexo oral no es sexo y que Bush hijo, promoviera la abstención sexual entre los jóvenes. Por Dios, ¿como puedo criar a una hija con estos truenos? En fin, que el sexo nuevamente me tiene preocupada cuando crei que ya habia pasado por todo con ese asunto y estoy ahora mismo sentada en la encrucijada con Carola frente a mi. ¿Crio a esta niña como lo hizo mi madre, sin prejuicios ni censuras abierta a la dudas y los debates a cualquier edad sobre el tema, o simplemente me vuelvo una hipocrita social como todos a mi alrededor? No creo que pueda serlo con mi personalidad, pero por si acaso ando mezclando un poco de mi liberalismo sexual con conservadurismo social a ver que sale. Y ojalá que de este mejunje, Carolina no me salga asesina en serie porque igual cuando me haga la próxima pregunta, sé que no le contaré la historia de las abejitas, los perritos y la cigueña, volveré a sacar la enciclopedia ilustrada y le explicaré todo con "dibujitos" incluidos, y que me llamen al 911... Por el momento, solo rezo para que no sea monja porque nunca le perdonaría que se perdiera la experiencia, por lo demas que sea lo que Dios quiera... digo yo.

sábado, 16 de octubre de 2010

Inventario a los 40.

Nací en 1970. El año de las 10 millones de toneladas de azúcar de que van, van, y nunca fueron. Quizás ese fracaso marcó mi vida para siempre. Lo cierto es que de cualquier manera siempre he estado a mitad de todo. Y en el medio, no hay la suficiente acumulación de drogas y alcohol como para olvidarlo. No fui lo bastante adolescente para adorar a los Beatles y los Rolling Stones, pero tampoco para llorar por Nirvana y Queen.en una esquina de Labana, a la vista de todos. Siempre estoy buscando desesperadamente algo que me haga feliz, lo mismo da crear mis propios collares, que anhelar tener sexo desenfrenado con el Dalai Lama contra la pared de su templo, sin sonrojarme. -Y entiéndase que no es precisamente por falta de sexo- Pero ya aprendí que todos siempre estamos en eso, buscando algo que nos haga completamente feliz. Y aunque sé que hay libros de auto-ayuda que traen la solución a todo, todavía me resisto a leerlos. Sigo pensando ingenuamente que yo misma la encontraré.
Todavía lloro con las películas de Disney y no le perdono al viejo que matara impunemente a la madre de Bambi, tampoco que humillara al pobre Dumbo. Pero siempre he sospechado que Walt era homofóbico y racista , sino nunca hubiera creado un ratón tan ridículo. Y ojalá que Carola no lea esto porque Mickey es lo máximo. De cualquier manera algún día tendrá que aceptar que aunque vivamos en la Yuma, su madre es  el producto de  la Revolución de un loco.
Aprendí a bailar casino con los Van Van, a suspirar con las canciones de Silvio mientras la mano sudada del novio de turno me manoseaba el culo en la escalinata universitaria. A escondidas, me especialicé en fumar y masturbarme en el baño asqueroso de una beca en Güira de Melena. Perdí la virginidad una noche cualquiera con un tipo que no me gustaba, pero era necesario para demostrar que podía ser una muchacha fácil, a la altura de todas mis amigas. Las mismas amigas de las cuales no recuerdo el nombre pero que igual busco incesantemente en Facebook. Quizás necesite un poco de aquella aceptación, ahora que la crisis de los 40 me ronda. Intento no parecer análoga en un mundo digital, pero mi hija siempre resalta mi ignorancia y se burla de mi acento latino, -una palabra políticamente correcta que aprendí a usar en el exilio,- donde todos presumimos de querer una Cuba Libre pero no pasamos de los noticieros y de las mínimas donaciones financieras mensuales,  -quienes las hacen-. Ya sé que estos comentarios pueden condenarme al destierro del Versailles, pero igual me he especializado en irreverencia verbal y estoy convencida que como nadie me paga la renta, no tengo porque rendir pleitesías públicas.
Al igual que cualquier cubano, por momentos me creo ser el ombligo del mundo, un mundo lleno de otros latinos ahogados en su propia nostalgia como nosotros. No se quien soy, que quiero, ni adonde voy, pero igual todas las mañanas estiro mi brazo para golpearme la espalda y darme ánimo frente al espejo del baño porque no tengo los ovarios necesarios para derrumbarme en un país ajeno, lejos de mi familia, para luego, despingada en el abismo, escuchar la voz de mi padre difunto decir: te lo dije…porque realmente nunca me lo dijo y hubiera preferido que me gritara que fue una tontería exiliarme sola en Miami, en vez de escuchar su  pesado silencio al otro lado de la línea, cada vez que respondía al teléfono y lo agarraba desprevenido pensando en mi. 
Colecciono frases de famosos y series norteamericanas de televisión, porque siempre he creído que los demás son lo suficientemente cínicos como para avergonzarme, pero igual me encanta parafrasear a Marc Twain y decir que prefiero el infierno por la compañía que el cielo por el clima, aun cuando no pienso siquiera en la muerte después de la vida. Pero en el mundo de escenarios que me moví, prefería ser una desvergonzada original que una patética clonada de cualquier personaje inventado a lo WG -escritora lánguida cubana.- No sé si me explico, porque como dice un buen amigo mío, cuando me da por la literatura me enredo, y prefiero odiar los poemas que escribo compulsivamente escondida en mis madrugadas solitarias, que enseñarlos y presumir de ellos, a pesar de los premios ya olvidados que alguna vez recopilé, y dejé en Labana en cualquiera de las cajas que yacen en mi cuarto.   
Me encantan los hombres complicados, y también jugar con la idea del objeto oscuro del placer, una frase que repito constantemente. Será por eso que vivo enamorada del mismo hombre desde hace nueve años , un machista consumado que nació blanco por equivocación, dos cosas que no pegan con la imagen de mi misma que me he inventado. Igual puede ser que el tilín de racismo comunista que se me pegó de mi familia igualitaria y humilde, no me permite darle el atisbo de orgullo sexual que tanto enarbolan, y todavía seguimos jodiendo con aquello de memorias del subdesarrollo para sentirnos seres superiores en un mundo que pregonamos igual, pero  que realmente no tiene la funcionalidad equitativa de justo y tolerante. -Ya sé que este comentario también me traerá problemas, pero insisto en aquello de la irreverencia verbal-.
Sigo sin entenderme, pero ya rebasamos la idea inicial en este escrito,  de que la crisis de los 40 me duele en las coyunturas y vigilo cada arruga naciente, para atormentar mis carnes con la representación de que algún día seré polvo del polvo, o la dieta preferida de cualquier gusano cachondo y rechoncho. Definitivamente, esto de envejecer no me asienta aunque lo mezcle con vino. 
Igual empezamos otra vez: nací en 1970. El año de las 10 millones de toneladas de azúcar de que van, van, y nunca fueron. Y quizás ese fracaso marcó mi vida para siempre. Soy una hija de la Revolución Cubana  -que conste lugar ni tiempo que escogí para nacer pero fue lo que me tocó por la libreta-, y el estigma de esa verdad me perseguirá por los siglos de los siglos, amen,  aunque cada día perfeccione mi odio hacia Fidel Castro. Pero irremediablemente lloro con "Oh melancolía" cuando la escucho, devoro cualquier cosa porque el estómago lo perdí en la beca  y los Van Van me mueven el culo aunque esté amarrada con una camisa de fuerza. Y una de las mejores libertades que  disfruto es precisamente esa, la de ser como me da la gana.
Y ahora que la crisis de los 40 me levanta de madrugada sudando a chorros, y me pongo a hacer inventario de mi vida, me doy cuenta que al final soy solo un ajiaco de miles de sucesos encadenados en mi destino, que no encajo ni en Labana que sólo llevo en mis recuerdos, ni en la Yuma que me acogió con los brazos abiertos, ni en ningún otro sitio donde no esté durmiendo mi hija tranquila y feliz a mi lado, donde reposen mis libros, mis CDs y mis fotos, y donde pueda de vez en cuando poder reírme con un amigo de las incongruencias del día. Me doy cuenta que en definitiva la única mierda que me llevaré es esa, la de vivir como me da la gana, impolitícamente incorrecta, malhablada y ¿por qué no?, pionera.  Porque sino para que coño me quemé el culo cruzando el desierto de Sonora- Arizona. Y lo demás, que se vaya al carajo... digo yo.