miércoles, 23 de septiembre de 2015

Rescatando clásicos censurados

Ando rescatando clásicos como Las once mil vergas, de Guillaume Apollinaire. Clásicos que aún en pleno siglo XXI siguen censurados y con pocas reediciones a cuestas porque los editores entienden que su carga erótica de sexo explícito narrado, que raya abiertamente en la pornografía como aseguran muchos críticos, es razón suficiente para mantenerlos en la oscuridad. Yo simplemente los sacó a la luz, y dejo que el lector saque sus propias conclusiones al leerlos, simplemente leerlos sin dejar que nadie se lo cuente e influya con mojigatas opiniones establecidas.
Las once mil vergas, de Guillaume Apollinaire (CAAW Ediciones Erótika 2015) a la venta AQUI , revisada y corregida, y un excelente prólogo de Angel Velázquez que reproduzco a continuación. 


"Erótica y valentía en Las once mil vergas"

Ha sido leída como un relato erótico, en el límite con el pornográfico, pero lo que mueve el desenfado del autor, el interés por la retórica erótica, no ha sido captado en el fondo. ¿Qué se proponía Guillaume Apollinaire con la novela más desvergonzada del momento y que, por cuyo motivo impúdico, levantó revuelo de sospecha en la bohemia parisina de los años 1910s? D. H. Lawrence, autor de El amante de Lady Chatterley (1928), novela que también fue considerada pornográfica para la época, contrario al psicoanálisis, hubiese respondido: la obra de Apollinaisre es un juego retorico entre eros y poder. Un vínculo secreto entre eros y política, y entre eros y arte.
La acción política como deseo común, una forma para la protesta política y el reino de la sexualidad reprimida. Si el autor intenta traspasar el reino erótico y visualizar el infierno pornográfico, entonces no tiene sentido narrativo. Tanto la pornografía como la política, tienen algo en común. Borran de la escena humana la relación del uno con la alteridad. Apollinaire necesita dejar ver en claro, con lo cuasi pornográfico, la decadencia del eros como fuerza universal. Se oponía a la fuerza del narcisismo pornográfico político y psicoanalítico de la época, cuyas fuerzas respondían al puro rendimiento del trabajo donde la sexualidad se iba convirtiendo en un subproducto del capital.
Reinventar de nuevo el amor, la forma thymia del deseo, es una preocupación central en el pensamiento erótico de Guillaume Apollinaire. De ahí el surrealismo erótico. De ahí lo que expresaba Breton, el líder surrealista, acerca de Eros: "el único arte digno del hombre y del espacio, el único capaz de conducirlo más allá de las estrellas es el erotismo". Ellos están por la valentía, el valor ético, y contra del deseo de sentir placer. Es como en la doctrina platónica de lo bello: eros es poder por encima de todas las partes del deseo. El placer que emana de lo iracundo, de la fuerza que produce ruptura, cambios, vanguardismo.
Las once mil vergas es la novela fantasiosa, ardid retorico perfecto, que procura desviar la atención del deseo hacia la compresión de la erótica de la vida. Es típica de las novelas inspiradas en una época de decadencia donde el trabajo secuestra al amor. El eros, la virtud poética del hombre, se ha visto tullida por la política y el poder. Las descripciones de Apollinare en Las once mil vergas parecen estar a favor de las escenas pornográficas, de la arrogancia sexual, del masoquismo del placer carnal, de los vericuetos sádicos de las relaciones de poder del uno sobre el otro, pero eso no es el punto nodal de la erótica surrealista. Apollinaire es un escritor satírico, burlón y estremecedor. Provocador frente al público dominado por la dialéctica del amo y el esclavo, y de cómo el esclavo se convierte en el amo del amo, investiga a fondo en que consiste la esencia del Ser. Las historias de amor, a veces depravantes, sinuosas, les sirven de pretextos para penetrar en la secreta relación del eros con la política y del inconsciente individual y colectivo.
Las once mil vergas es un relato de crítica sobre lo que se proponía la literatura de la época. El lector avisado no debería encontrar en las explicitas escenas sexuales una depravación del espíritu consciente de la disciplina acerca del sexo. Apollinaire es muestra del impulso ascético de la vida, del ejercitante que llega estar atento de su propia forma de ver la vida. Más que cualquier descripción pornográfica y relación entre deseo y poder, en el fondo haremos contacto con una estética. La estética de los sueños y de la crítica del surrealismo a una época que consideraba decadente. La erótica del amor iba siendo maniatada por el rendimiento del capital.

Ángel Velázquez. Miami, 2015

lunes, 31 de agosto de 2015

Exorcismo final, la nostalgia del deseo (el deseo de la nostalgia) (Por Kelly Martínez)

Exorcismo Final, de Yovana Martínez, es un libro engañoso. Escrito con un lenguaje directo, coloquial, obsceno, puede hacernos pensar que se trata solamente de un anecdotario de encuentros concertados o desconcertantes, mero intercambio, relajo relajado y relajante. Pero nuestra cultura parece haber olvidado el papel de lo obsceno dentro de la sexualidad sagrada o, incluso, como herramienta de sanación: la risa -a veces incómoda- que despierta lo obsceno es capaz de borrar heridas;  proviene del cuerpo y nos obliga a superar prejuicios y moralinas.  A superarnos a nosotros mismos.
En ese sentido, este libro se parece a Baubo, esa diosa grotesca  y graciosa de la mitología griega, con pezones por ojos y vagina por boca. Deméter la encuentra en medio de su triste peregrinar y, gracias a ese encuentro, es capaz de reír un rato. Los Misterios Eleusinos -el ritual iniciático más importante de la Antigüedad pagana y que repetía ese peregrinar de la diosa- son impensables sin Baubo, un personaje conectado con Dionisio, con lo carnavalesco; con un dios que enloquece y despedaza. Porque lo erótico y lo obsceno son también pérdida de las fronteras del yo, de la coherencia; un acto de amor balbuceante donde el no ser está a la orden del día.
Lo obsceno es pagano, una forma de supervivencia del cuerpo y su saber, que nos avisa de placeres y peligros. En Exorcismo final el saber animal, el saber de la hembra, nos obliga a llamar a las cosas por su nombre, a enfrentarlas de la misma manera en que se enfrentan el dolor o el hambre. Lo vulgar no es aquí chusmería ni depauperación de la lengua, sino simple y llana sinceridad. Es imposible que un exorcismo se haga sin eso, sin todos los demonios que van saliendo de nuestro cuerpo y nuestra boca.
Y, tras lo obsceno, todos los bemoles de la melancolía. Un hembra que es, ante todo, un ser huamano. Un libro que, más que un anecdotario, es una memoria de amores temporales, intemporales, atemporales y regresa -a través de la nostalgia- a todos los lugares donde se cometieron crímenes. Escribiéndolos se libera, se exorciza de ellos. Uno donde la ternura, la compasión, el miedo, la risa, el llanto, las despedidas y los encuentros pesan más que la evidencia de los cuerpos. Donde pesan, a ratos,  una masculinidad invasiva u otra capaz de amar, de esperar y tejer desde la paciencia. Donde se revelan los sinsabores y vericuetos de una realidad y una ciudad donde el sexo es también una forma de sobrevivencia y escape.
Un libro que, en contra de todas las promesas -me dijeron que era pornográfico- es un inventario dulce y profundo de todas las veces en que amar fue tabla o naufragio. No hay nada de escandaloso en él, uno está muy viejo y ha bajado demasiadas veces al infierno como para escandalizarse ésto. Es hora de reconocer que hace mucho que las mujeres dejamos de bordar sentadas al borde de la ventana. Si acaso, el único escándalo posible es el que genera encontrar a una autora/personaje que se atreve a hablar sin tapujos de todo lo que implica existir. Abierta, se deja penetrar por la realidad pero también la besa, la escupe, la muerde, la rechaza, la seduce, se le monta encima. Alejandro Castro, poeta venezolano, me decía siempre que a cierta literatura femenina se le podía oler el blumer. A Exorcismo final no sólo se lo olemos. Nos lo ponemos y seguimos andando.
Kelly Martínez, Miami, julio del 2015

(Presentación Exorcismo Final en el Festival VISTA, en Miami, 2 de agosto de 2015)

miércoles, 12 de agosto de 2015

Cuento: "Fantasía de rabbit a dos manos" (Fragmento) de "Exorcismo Final" (CAAW Ediciones Erótika, 2015)

Foto portada: Judith G. Tur
Al atrevimiento que nos asalta en solitario

 Abro los ojos porque la luz del día entra por la ventana y no me deja dormir. Amanece sábado. Lenny dice «american woman stay away from me», y me parece bien porque nunca me ha gustado la idea de compartirlo. Pero pensarlo me provoca esa punzada en la vagina que conozco bien. Me excito imaginando a Lenny en los brazos de una american woman, rubia de pelo largo, tetas redondas grandes y piernas largas. Lenny desnudo, con ese pecho mulato de tatuajes y piercing en las tetillas, esas nalgas duras con el tatuaje en la izquierda y la american woman chupándole la pinga como solo ellas saben hacerlo. «Ohhh yeah baby», dice Lenny mirándome a los ojos. «American woman mama let me be», susurra, y el español se me confunde con el inglés, a propósito. Lenny me saca la lengua provocándome. Dice: «I wanna fly away». Me too Lenny, y la american woman intenta sonrr con la boca llena, con la pinga de Lenny entre sus labios gordos como los de Angelina, con la pinga de Lenny que se le pierde hasta la garganta y no le produce arcadas. 

Cierro los ojos porque la luz que entra por la ventana me molesta, pero no corro las cortinas porque imaginar que alguien nos observa provoca más punzadas en mi vagina. «Im no good for you». Dice Lenny mirando a la american woman a los ojos y entra Johnny con su jean roto y su sombrero de cowboy. «I am!», grita Johnny agarndose la portañuela con una mano, marcando el bulto bien erecto. La última vez que lo tuve entre mis piernas iba de Capitán Jack Sparrow con la guitarra colgada, tocándome una balada rock entre las tetas. «Im no good for you I gotta go!», dice Lenny empujando la cabeza de la american woman contra su pinga, retando a Johnny. Y Johnny se quita cuidadosamente su jean roto, pero se deja el sombrero. Me le acerco y le lamo el indio del brazo, sabiendo que Lenny está mindome fijamente. Sabiendo que a Lenny le gusta que yo le lama su dragón del pecho con mi lengua, con mi boca, con mis dientes. Pero ahora con la punta de mi lengua le lamo el indio a Johnny. Gozándomelo se lo lamo. Quizás desps me toque algo al piano. Los dos desnudos. Yo sentada en la banqueta del piano, con las piernas abiertas, desnuda. Johnny sentado dets de mí, desnudo. Metndomela por detrás mientras sus manos tocan las teclas, una balada de desamor, triste... (si quieres seguir leyendo, compra "Exorcismo Final" Versión impresa en Amazon para USA, Europa y UK  Versión Ebook  Versión impresa para envíos internacionales a cualquier sitio del mundo )

jueves, 4 de junio de 2015

Exorcismo Final en su segunda edición (revisada y corregida)



Regresa en su segunda edición, Exorcismo Final, el libro de narraciones eróticas de la escritora cubana Yovana Martínez, que después de publicado en octubre de 2014, en solo 6 meses se agotó la primera edición, y fue además, censurada su portada original en varios programas de televisión como Encuentro con Camilo Egaña (CNN En Español), así como la lectura de algunos cuentos en público bajo el criterio de “muy fuertes”, “casi pornos” o “demasiados calientes”.
 Exorcismo Final es el primer volumen de relatos eróticos de la autora, donde narra la vida sexual de una mujer desde su adolescencia hasta sus 40 años. Las narraciones inician con el día que perdió la virginidad, y los 26 cuentos están contados en primera persona y cronológicamente, adentrándonos a un mundo de desamor y amor de pareja; de sexo, deseo y morbo donde la búsqueda de la pareja y la felicidad es el objetivo principal. Contados de manera coloquial y muy desinhibida sin prejuicios y censura, pero sin caer en lo obsceno, como si fuera un filme repleto de imágenes, Exorcismo Final nos atrapa desde su primer cuento y nos sume en una vorágine de sentimientos que van desde la risa al llanto, envolviéndonos en una fiebre que nos impide soltar el libro.
Uno de los cuentos incluidos en este volumen, “Fotografía de encuentro”, fue finalista de la I Edición del Concurso de Narrativa Erótica “Los Cuerpos del Deseo”, e incluido en la Antología de Narrativa Erótica “Los Cuerpos del Deseo”, (Neo Club Ediciones y Alexandria Library, 2012).
De Exorcismo Final han dicho algunos escritores cubanos reconocidos:
 “Con el sexo nacemos, del sexo morimos. No sé por qué, pero las mujeres son las primeras en darse cuenta de esta inefable implosión. Y este libro sella con ejemplar alcance un determinado lenguaje íntimo, correspondiente a la biografía como género literario. Yovana subraya mediante la narrativa erótica cómo se puede llegar a ser, por medio de lo más odiado, lo más censurado y moralmente más debatido por siglos, un ser para la resurrección. La autora enaltece la experiencia sexual como un medio para la transformación humana”. (Ángel Velázquez Callejas. Escritor, ensayista e historiador cubano)
 “Exorcismo Final, un libro que un lector mojigato puede considerar escatológico, hasta horrible. Para mí, relatos con sobrada autenticidad que prorrumpen de los recuerdos más oscuros que habitan afinados en la memoria de su autora. Demonios con los que Yovana ha de convivir irremediablemente…”. (Denis Fortún. Escritor cubano)
 “… es un volumen de relatos sobre lo sagrado, sobre el sexo como máxima manifestación de lo sagrado en el mundo físico. (…) En el libro de Yovana vive una diosa, prosa precisa mediante, que reclama ser adorada y apuesta por el exorcismo final que nos regrese sin demora a la real religiosidad de la vulva victoriosa”. (Armando de Armas. Escritor y periodista cubano)
Exorcismo Final (CAAW 2015) de Yovana Martínez, es desde ya, un libro imprescindible dentro de la literatura erótica contemporánea y dentro de la temática sexual femenina.

Sobre la autora:
Yovana Martínez Milián (Ciudad Habana. 1970)
Productora de televisión y guionista por más de 20 años.
Licenciada en Dirección de los Medios de Comunicación en la Facultad de Comunicación del ISA, en La Habana.
Actualmente vive en Florida, EE.UU.

Sobre Exorcismo Final:
Cuentos, Ficción Erótica
·         Exorcismo Final, (Bokeh 2014) Tapa dura, 180 páginas. 1ra Edición (Agotada)
·         Exorcismo Final (CAAW Ediciones, 2015) Tapa blanda, 192 páginas. 2da. Edición revisada y corregida.
Exorcismo Final (CAAW Ediciones, 2015) también está disponible en Ebook en todos los sitios online de ventas de libros digitales. (Smashwords, ITunes, Barnes&Noble, Kobo, Baker & Taylor Blio, Scribd, OverDrive, entre otros)

(Press Release en Español, 16 de mayo, 2015)


lunes, 9 de febrero de 2015

Espiral de Vida (Dedicado al buen maestro Fonseca)

El buen maestro Fonseca y yo en algún momento de este siglo.
Maricela me contó llorando, las últimas horas de vida de su esposo, el buen maestro Fonseca. Cuenta Maricela que en la última hora de vida de su esposo, ella apoyó la cabeza sobre su pecho escuchando su corazón. Durante 40 minutos estuvo quieta sobre el corazón del poeta, escuchándolo latir hasta que paró. Y me repitió varias veces ahogada en llanto: “ese corazón de la vida mía… ese corazón de la vida mía”, señalando una foto del buen maestro Fonseca que ilumina la sala de su casa.
Quienes los conocíamos, sabíamos cómo el buen maestro Fonseca cuidaba a Maricela, como si ella fuera de cristal y al menor movimiento brusco se deshiciera en vidriecitos multicolores. “Me sobreprotegía demasiado”, comentaba Maricela, y era cierto. Maricela lloraba sin consuelo y de pronto se secaba sus lágrimas, y exclamaba: “pero tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte porque él lo quería así”.
De camino a casita comenté con Jorge sobre el tema, hablé de Maricela y Fonseca, y salté a mis padres, a mi padre quien cumplirá este febrero otro año de muerto y medité en la noche un poco sobre las parejas, donde generalmente el más “fuerte” se va primero y deja al otro con un largo camino aún por transitar en esta vida con ese vacío junto a él que algunos nunca superan, o se demoran en superar.
Meditaba que el buen maestro Fonseca, al igual que mi padre, decidieron irse porque sabían que no eran los únicos “más fuertes”, ni siquiera intentaron serlo, y como regalo de Vida ofrecieron su último acto de amor. Simplemente en su infinito acto de amor  evitaron que al enfrentar “una larga y penosa enfermedad” donde el organismo se deteriora demasiado y el espíritu cabecea entre la duda y la debilidad, sus parejas se deshicieran en vidriecitos multicolores arrastrándolos a ellos como en un alud irremediable montaña abajo. Ellos sabían que todos somos de cristal y necesitamos protegernos. A veces Jorge me lo repite cuando protesto por su sobreprotección: “claro que eres de cristal y tengo que cuidarte”, yo le sigo protestando, pero anoche lo entendí.
Y eso fue lo que el buen maestro Fonseca le ofreció a Maricela, lo que mi padre le ofreció a mi madre, lo que mi socio Alfredito le ofreció a Yuset, y lo que muchos más ofrecen diariamente cuando deciden morir “así de pronto”, sin avisarnos, sin prepararnos. Nos ofrecen su último acto de amor: cuidarnos hasta el infinito para que no nos deshagamos en vidriecitos multicolores porque todos somos de cristal. Y en ese acto de Vida/Muerte/Vida nos confirman que somos una espiral de vida siempre donde algunos simplemente se van porque tenemos que seguir viviendo otros, sin muletas, porque todos somos fuertes aunque seamos de cristal y la Vida debe continuar.
Y ellos lo entendieron con esa lucidez cegadora que da la Muerte cuando silenciosamente se sienta a tu lado, y te acaricia como una amante amorosa, y puede estar ahí semanas, años, días, sentadita en silencio mirando por nuestra ventana a nuestro lado, aunque quienes nos rodean no la vean, ni siquiera la respiren. Pero ellos lo entendieron con esa lucidez que da la Muerte. Es mejor morir “así de pronto”, los que se creen más fuertes porque todos somos de cristal y cualquier movimiento brusco puede deshacernos en vidriecitos multicolores, y destruir todo ese mundo bello que hemos creado alrededor nuestro. Lo entendieron, es necesario morir para que tú puedas seguir viviendo y el dolor, la pena, la miseria de mi cuerpo, los momentos de debilidad, duda, temor que tenga por la enfermedad, no te deshagan en vidriecitos multicolores y arrastre todo lo que amamos como en un alud irremediable montaña abajo.
Gracias buen maestro Fonseca por esa lección de vida y amor. ¡Gracias!
Y no te preocupes, algún día Maricela también entenderá que tu último acto de amor y poesía fue dejarle la vida porque somos una espiral de vida, siempre. Yo sé que lo entenderá porque después de repetir llorando: “ese corazón de la vida mía… ese corazón de la vida mía”, de pronto se secaba sus lágrimas, y exclamaba: “pero tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte porque él lo quería así”. Ella ya lo está entendiendo como yo lo entendí.
¡Gracias!
Luz y progreso para tu espíritu y aquí te recuerdo tus versos para que los declames en ese sitio de luz donde la Muerte te llevó, cuando silenciosamente se sentó a tu lado, y te acarició como una amante amorosa, aunque nosotros ni siquiera la vimos, ni la respiramos.
“Me costaría noches emprender un viaje:
cicatrices del cielo, mi perro asolado
las ventanas y el único paisaje huyendo
siempre adentro, cloaca y asombros.
Mi cuerpo comienza a separarse
por las hendiduras se advierten síndromes.
Al otro lado es el fuego, la noche, los augurios.
Puede que suenen campanas, recogimiento
Y todo haya concluido: cinematógrafo
descubrimiento, la tarde perdiéndose”.
("Cicatrices del cielo", Alejandro Fonseca, 2010)