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miércoles, 13 de abril de 2016

Cuentos eróticos cubanos en Barcelona

Cuentos eróticos cubanos de Exorcismo Final estarán calentando el ambiente del Museo Erótico de Barcelona, el próximo 23 de abril, Día de San Jordi.
Seis de los cuentos del libro Exorcismo Final ya andan haciendo estragos por Barcelona, según comentan las actrices Marieta Sánchez, Yaneys Cabrera y Sonia Jerez, donde hasta la gata de una de ellas fue poseída por un “frenetismo afectivo” durante uno de los ensayos. Si no lo creen, pregúntele a la directora y adaptadora de esta lectura teatralizada, Selene Perdomo Chacón, que ha logrado llevar la alta tensión sexual de cada cuento escogido de Exorcismo Final al escenario, hasta lograr altas temperaturas nunca antes registradas en Barcelona, la cual ya tiene categoría de ola de “calor”, según sus involucrados.
Pero si aun sigue sin creerlo, los invito a que sean testigos de esta “calentura” teatral y literaria, el próximo 23 de abril, Día de San Jordi, en el Museo Erótico de Barcelona, a las 18 horas, un evento organizado y patrocinado por el Museo Erótico, Papito Project Más que Cultura y CAAW Ediciones. Donde además de la lectura teatralizada de los cuentos eróticos Degustación de ébano, La sorpresa, Vieja columna para un Lobo Estepario, Cuatro manos, un piano y una flor, El negro desconocido y Fantasía de rabbit a dos manos, habrá una proyección de fotografías de desnudos artísticos de Judith G. Tur, con música en vivo de Alex Fong (guitarra) y Julio Nahimim Carbonel (saxo y percusión), y se estarán vendiendo ejemplares de Exorcismo Final.
Advertencia: Los organizadores del evento no recomiendan asistir en solitario a la presentación, se sugiere ir acompañados de amigos, pareja o cualquier otro que lo ayude a sobrevivir el calor de Exorcismo Finaly que preferentemente sea alguien afín a usted.

lunes, 31 de agosto de 2015

Exorcismo final, la nostalgia del deseo (el deseo de la nostalgia) (Por Kelly Martínez)

Exorcismo Final, de Yovana Martínez, es un libro engañoso. Escrito con un lenguaje directo, coloquial, obsceno, puede hacernos pensar que se trata solamente de un anecdotario de encuentros concertados o desconcertantes, mero intercambio, relajo relajado y relajante. Pero nuestra cultura parece haber olvidado el papel de lo obsceno dentro de la sexualidad sagrada o, incluso, como herramienta de sanación: la risa -a veces incómoda- que despierta lo obsceno es capaz de borrar heridas;  proviene del cuerpo y nos obliga a superar prejuicios y moralinas.  A superarnos a nosotros mismos.
En ese sentido, este libro se parece a Baubo, esa diosa grotesca  y graciosa de la mitología griega, con pezones por ojos y vagina por boca. Deméter la encuentra en medio de su triste peregrinar y, gracias a ese encuentro, es capaz de reír un rato. Los Misterios Eleusinos -el ritual iniciático más importante de la Antigüedad pagana y que repetía ese peregrinar de la diosa- son impensables sin Baubo, un personaje conectado con Dionisio, con lo carnavalesco; con un dios que enloquece y despedaza. Porque lo erótico y lo obsceno son también pérdida de las fronteras del yo, de la coherencia; un acto de amor balbuceante donde el no ser está a la orden del día.
Lo obsceno es pagano, una forma de supervivencia del cuerpo y su saber, que nos avisa de placeres y peligros. En Exorcismo final el saber animal, el saber de la hembra, nos obliga a llamar a las cosas por su nombre, a enfrentarlas de la misma manera en que se enfrentan el dolor o el hambre. Lo vulgar no es aquí chusmería ni depauperación de la lengua, sino simple y llana sinceridad. Es imposible que un exorcismo se haga sin eso, sin todos los demonios que van saliendo de nuestro cuerpo y nuestra boca.
Y, tras lo obsceno, todos los bemoles de la melancolía. Un hembra que es, ante todo, un ser huamano. Un libro que, más que un anecdotario, es una memoria de amores temporales, intemporales, atemporales y regresa -a través de la nostalgia- a todos los lugares donde se cometieron crímenes. Escribiéndolos se libera, se exorciza de ellos. Uno donde la ternura, la compasión, el miedo, la risa, el llanto, las despedidas y los encuentros pesan más que la evidencia de los cuerpos. Donde pesan, a ratos,  una masculinidad invasiva u otra capaz de amar, de esperar y tejer desde la paciencia. Donde se revelan los sinsabores y vericuetos de una realidad y una ciudad donde el sexo es también una forma de sobrevivencia y escape.
Un libro que, en contra de todas las promesas -me dijeron que era pornográfico- es un inventario dulce y profundo de todas las veces en que amar fue tabla o naufragio. No hay nada de escandaloso en él, uno está muy viejo y ha bajado demasiadas veces al infierno como para escandalizarse ésto. Es hora de reconocer que hace mucho que las mujeres dejamos de bordar sentadas al borde de la ventana. Si acaso, el único escándalo posible es el que genera encontrar a una autora/personaje que se atreve a hablar sin tapujos de todo lo que implica existir. Abierta, se deja penetrar por la realidad pero también la besa, la escupe, la muerde, la rechaza, la seduce, se le monta encima. Alejandro Castro, poeta venezolano, me decía siempre que a cierta literatura femenina se le podía oler el blumer. A Exorcismo final no sólo se lo olemos. Nos lo ponemos y seguimos andando.
Kelly Martínez, Miami, julio del 2015

(Presentación Exorcismo Final en el Festival VISTA, en Miami, 2 de agosto de 2015)

miércoles, 12 de agosto de 2015

Cuento: "Fantasía de rabbit a dos manos" (Fragmento) de "Exorcismo Final" (CAAW Ediciones Erótika, 2015)

Al atrevimiento que nos asalta en solitario

 Abro los ojos porque la luz del día entra por la ventana y no me deja dormir. Amanece sábado. Lenny dice «american woman stay away from me», y me parece bien porque nunca me ha gustado la idea de compartirlo. Pero pensarlo me provoca esa punzada en la vagina que conozco bien. Me excito imaginando a Lenny en los brazos de una american woman, rubia de pelo largo, tetas redondas grandes y piernas largas. Lenny desnudo, con ese pecho mulato de tatuajes y piercing en las tetillas, esas nalgas duras con el tatuaje en la izquierda y la american woman chupándole la pinga como solo ellas saben hacerlo. «Ohhh yeah baby», dice Lenny mirándome a los ojos. «American woman mama let me be», susurra, y el español se me confunde con el inglés, a propósito. Lenny me saca la lengua provocándome. Dice: «I wanna fly away». Me too Lenny, y la american woman intenta sonrr con la boca llena, con la pinga de Lenny entre sus labios gordos como los de Angelina, con la pinga de Lenny que se le pierde hasta la garganta y no le produce arcadas. 

Cierro los ojos porque la luz que entra por la ventana me molesta, pero no corro las cortinas porque imaginar que alguien nos observa provoca más punzadas en mi vagina. «Im no good for you». Dice Lenny mirando a la american woman a los ojos y entra Johnny con su jean roto y su sombrero de cowboy. «I am!», grita Johnny agarndose la portañuela con una mano, marcando el bulto bien erecto. La última vez que lo tuve entre mis piernas iba de Capitán Jack Sparrow con la guitarra colgada, tocándome una balada rock entre las tetas. «Im no good for you I gotta go!», dice Lenny empujando la cabeza de la american woman contra su pinga, retando a Johnny. Y Johnny se quita cuidadosamente su jean roto, pero se deja el sombrero. Me le acerco y le lamo el indio del brazo, sabiendo que Lenny está mindome fijamente. Sabiendo que a Lenny le gusta que yo le lama su dragón del pecho con mi lengua, con mi boca, con mis dientes. Pero ahora con la punta de mi lengua le lamo el indio a Johnny. Gozándomelo se lo lamo. Quizás desps me toque algo al piano. Los dos desnudos. Yo sentada en la banqueta del piano, con las piernas abiertas, desnuda. Johnny sentado dets de mí, desnudo. Metndomela por detrás mientras sus manos tocan las teclas, una balada de desamor, triste... (si quieres seguir leyendo, compra "Exorcismo Final" Versión impresa en Amazon para USA, Europa y UK  Versión Ebook  Versión impresa para envíos internacionales a cualquier sitio del mundo )

jueves, 4 de junio de 2015

Exorcismo Final en su segunda edición (revisada y corregida)



Regresa en su segunda edición, Exorcismo Final, el libro de narraciones eróticas de la escritora cubana Yovana Martínez, que después de publicado en octubre de 2014, en solo 6 meses se agotó la primera edición, y fue además, censurada su portada original en varios programas de televisión como Encuentro con Camilo Egaña (CNN En Español), así como la lectura de algunos cuentos en público bajo el criterio de “muy fuertes”, “casi pornos” o “demasiados calientes”.
 Exorcismo Final es el primer volumen de relatos eróticos de la autora, donde narra la vida sexual de una mujer desde su adolescencia hasta sus 40 años. Las narraciones inician con el día que perdió la virginidad, y los 26 cuentos están contados en primera persona y cronológicamente, adentrándonos a un mundo de desamor y amor de pareja; de sexo, deseo y morbo donde la búsqueda de la pareja y la felicidad es el objetivo principal. Contados de manera coloquial y muy desinhibida sin prejuicios y censura, pero sin caer en lo obsceno, como si fuera un filme repleto de imágenes, Exorcismo Final nos atrapa desde su primer cuento y nos sume en una vorágine de sentimientos que van desde la risa al llanto, envolviéndonos en una fiebre que nos impide soltar el libro.
Uno de los cuentos incluidos en este volumen, “Fotografía de encuentro”, fue finalista de la I Edición del Concurso de Narrativa Erótica “Los Cuerpos del Deseo”, e incluido en la Antología de Narrativa Erótica “Los Cuerpos del Deseo”, (Neo Club Ediciones y Alexandria Library, 2012).
De Exorcismo Final han dicho algunos escritores cubanos reconocidos:
 “Con el sexo nacemos, del sexo morimos. No sé por qué, pero las mujeres son las primeras en darse cuenta de esta inefable implosión. Y este libro sella con ejemplar alcance un determinado lenguaje íntimo, correspondiente a la biografía como género literario. Yovana subraya mediante la narrativa erótica cómo se puede llegar a ser, por medio de lo más odiado, lo más censurado y moralmente más debatido por siglos, un ser para la resurrección. La autora enaltece la experiencia sexual como un medio para la transformación humana”. (Ángel Velázquez Callejas. Escritor, ensayista e historiador cubano)
 “Exorcismo Final, un libro que un lector mojigato puede considerar escatológico, hasta horrible. Para mí, relatos con sobrada autenticidad que prorrumpen de los recuerdos más oscuros que habitan afinados en la memoria de su autora. Demonios con los que Yovana ha de convivir irremediablemente…”. (Denis Fortún. Escritor cubano)
 “… es un volumen de relatos sobre lo sagrado, sobre el sexo como máxima manifestación de lo sagrado en el mundo físico. (…) En el libro de Yovana vive una diosa, prosa precisa mediante, que reclama ser adorada y apuesta por el exorcismo final que nos regrese sin demora a la real religiosidad de la vulva victoriosa”. (Armando de Armas. Escritor y periodista cubano)
Exorcismo Final (CAAW 2015) de Yovana Martínez, es desde ya, un libro imprescindible dentro de la literatura erótica contemporánea y dentro de la temática sexual femenina.

Sobre la autora:
Yovana Martínez Milián (Ciudad Habana. 1970)
Productora de televisión y guionista por más de 20 años.
Licenciada en Dirección de los Medios de Comunicación en la Facultad de Comunicación del ISA, en La Habana.
Actualmente vive en Florida, EE.UU.

Sobre Exorcismo Final:
Cuentos, Ficción Erótica
·         Exorcismo Final, (Bokeh 2014) Tapa dura, 180 páginas. 1ra Edición (Agotada)
·         Exorcismo Final (CAAW Ediciones, 2015) Tapa blanda, 192 páginas. 2da. Edición revisada y corregida.
Exorcismo Final (CAAW Ediciones, 2015) también está disponible en Ebook en todos los sitios online de ventas de libros digitales. (Smashwords, ITunes, Barnes&Noble, Kobo, Baker & Taylor Blio, Scribd, OverDrive, entre otros)

(Press Release en Español, 16 de mayo, 2015)


jueves, 5 de febrero de 2015

La arqueología de Yovana Martínez

Por: Angel Velázquez Callejas
(Publicado en Neo Club Press. Enero 13, 2014)
Exorcismo final (Bokeh Leiden, 2014), de Yovana Martínez, no es un libro que deba considerarse pornográfico. Su retórica puede que esté jugando con ciertas imágenes al límite, incitando al morbo, cuestión esta que provoca realce a favor y en contra. Pero este es un libro erótico que se esfuerza por transgredir el lenguaje sexual. Mi modesta observación es que la autora ha intentado explayarse sobre un tema tabú, con el cual sobrepasa la frontera de lo estrictamente erótico para ironizar el lenguaje. En cuanto al tema y al simbolismo, esas imágenes fluyen como ardides para mantener activo el idioma que se expondrá más adelante.
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Lo he leído hasta el final y declaro: si realmente existe una fenomenología sobre el sexo en la que la autora se ha apoyado para exponer, es porque su ritmo en el tiempo también acarrea la destrucción. Con el sexo nacemos, del sexo morimos. No sé por qué, pero las mujeres son las primeras en darse cuenta de esta inefable implosión. Y este libro sella con ejemplar alcance un determinado lenguaje íntimo, correspondiente a la biografía como género literario. Yovana subraya mediante la narrativa erótica cómo se puede llegar a ser, por medio de lo más odiado, lo más censurado y moralmente más debatido por siglos, un ser para la resurrección. La autora enaltece la experiencia sexual como un medio para la transformación humana.
Los “tantristas” plantean que la puerta real al universo se encuentra a través del sexo. Que no existe mejor experiencia que la sexual para alcanzar vislumbres acerca de la plenitud del amor. Solo que ellos han hablado del amor en abstracto, sin ninguna manifestación fenomenológica. Allí donde el sexo alcanza el pico más alto, por unos instantes se experimenta cómo la mente se detiene, cómo los pensamientos cesan y el idealismo muere, y entonces se abre una puerta; es cuando por sorpresa se entra en el laberinto del misterio de la vida: el espíritu comienza a exorcizar y a preguntar (sin hallar respuestas adecuadas) en qué consiste la existencia y, por añadidura, la procreación. Hay quienes viven la experiencia y la callan. Hay quienes se tornan espíritu para contarla. El caso de Yovana es sui generis: acude a la historia, a sus tropiezos y al deseo de experimentar. Tal y como lo veo, es a través del morbo del sexo que su vida se convierte en una búsqueda y una transformación. Y esa biografía radical se tiene que manifestar en algo estético: el nacimiento de su hija.
¿Por qué Yovana Martínez escribe cuentos eróticos, en qué consiste ese impulso por lo narrativo? La manera en que formulo esta pregunta puede que nos dé la clave de su poética. Ha titulado este libroExorcismo final, una especie de auto-arqueología que descubre, bajo los escombros del pasado, el sentido del amor en casi todas sus posibilidades, y finalmente la procreación. Y no es que el amor se traduzca como simple práctica sexual, sino como un objetivo trascendental. Lo que despierta su aliento ante la vida es la creación, y ella pasa por el placer.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Yovana y el sacerdocio de lo sexual


Por: Armando de Armas
(Palabras de presentación del libro publicadas en Otro Lunes)
Exorcismo Final, Bokeh 2014, de la exiliada cubana Yovana Martínez, es un volumen de relatos sobre lo sagrado, sobre el sexo como máxima manifestación de lo sagrado en el mundo físico.
Mención aparte merece el dios griego Pan porque éste encarna como ningún otro un aspecto de la sexualidad que es, en definitiva, un aspecto consustancial a la divinidad, me refiero al temor, y al terror, que inspira lo condicionante sobre lo condicionado, lo inmortal sobre lo mortal. Por ello lo pánico puede referirse lo mismo al miedo incontrolable que al deseo sexual incontrolable. El pánico, obvio, lo produce Pan. Cuando en Cuba las jineteras declaran que van a hacer el pan se refieren en un plano consciente a que van en busca del sustento mediante la molienda en la entrepierna, pero quizá también habría en esa declaración una invocación inconsciente para laborar eficazmente sobre el falo bajo los auspicios del viejo Pan.

Mi amigo el poeta Armando Álvarez Bravo suele asegurar que en la modernidad las únicas instituciones serias que quedan son la Mafia Siciliana y el Opus Dei.
Pero el sexo no deja de ser serio, es decir sacro, ni aun siendo enlatado y rentado en el porno exprés o, miren ustedes, ni siquiera en aquel inefable momento estadounidense en que Bill Clinton y Monica Lewinsky dijeron que la práctica entrambos del sexo oral aliñada con un heroico habano en el despacho Oval de la Casa Blanca no era una relación sexual o, para rematar, ni siquiera cuando la feminista Hillary dijo, en defensa de la familia, que todo no era más que una conspiración de la demoniaca derechona.
Los antiguos, tan sabios, tenían sus dioses y demonios para el desenvolvimiento sexual. Así, por ejemplo, los romanos tenían a Venus, los judíos a Lilith, los arios a Freyja, los griegos a Eros y Afrodita, los egipcios a Anuket, y los yoruba a Ochum.
Por ello tal vez Yovana escribe en el relato La sorpresa, del volumen que presentamos:
armando-de-armas-2-otraopinion-OtroLunes35“Tengo miedo, y como siempre, el miedo me paraliza. Debo tener mis ojos enormes de vaca abiertos a todo lo que dan por el miedo, porque me arden (…) Me asusta la mano de mi novio desabotonándome la saya para meter la mano en mi blúmer (…) Se escupe una mano y se frota con esa mano la pinga. Se pone sobre mí y sin darme cuenta me mete la pinga. Doy un grito de dolor, pero él me tapa la boca, mientras se esfuerza por seguir metiéndome la pinga dura. Siento como si estuviera metiéndome un edificio a empujones por ahí para adentro. Me duele, me arde (…) Tengo miedo, me duele y no puedo moverme (…) De pronto hace como la otra noche. Se pone rígido, convulsiona como si tuviera un ataque epiléptico y de adentro de la garganta le sale un ruido raro como de un animal salvaje”…
El dolor y el deseo, la muerte y la inmortalidad, el miedo y el alma, lo sucio y lo sublime, el poder y la perversión, el alimento y la abstención, lo caníbal y lo celestial, la orgía y la gloria son expresiones consustanciales al sexo y a lo sagrado; al sexo como expresión última de lo sagrado.
El temor de Dios no es una fábula de pacatos, es una prevención de los pragmáticos. Por ello nadie en su sano juicio entre los antiguos semitas osaría acercarse al Arca de la Alianza sin la debida prevención y protección iniciática. Dios es fálico, mata y se expande mediante el falo. Lo intuye Yovana cuando escribe en el relato Vieja columna para un Lobo Estepario, de este libro,  que una “columna puede ser la única ascensión posible al cielo. Y mucho más si detrás de esa columna me esperas tú”…  Si detrás de esa columna acecha Dios, digo yo.
En todas las religiones primordiales el devoto devora al dios, para incorporar, apropiarse de sus propiedades. Es lo que sobrevive sublimado en el acto de tragar la Venerable Hostia y de beber el Venerable Vino en el sacramento de la Eucaristía o Santa Misa. Nada menos que jamarse, como diría Yovana, no sólo la carne sino también la sangre de Cristo simbolizados en la harina de trigo y en la uva podrida. Lo más bajo por lo más alto. El vicio por la virtud.
Por ello en el folklor cubiche jamarse la jeva es consumar el acto sexual. Por ello se le llama vianda al falo, papaya a la vagina, leche al semen y pastel a la orgía. Por ello ante el hambre y el ateísmo impuestos en la isla por los comunistas, al cubano no le ha quedado otra que darse al hartazgo del sexo no sólo como sucedáneo del alimento sino del alma. Con los peligros del alma hemos topado.
No habría aventura como la experimentada en los misterios orgiásticos; en los ritos de las festividades agrarias. Allí donde desaparecería todo pensamiento pecaminoso, todo sentido de culpa, porque el individuo logra salir del sí mismo, expandirse en lo colectivo tribal, en el ejercicio desaforado del sexo en un sentido sacrificial; sexo sacramentado. Auténtica aventura en que se difuminan el arriba y el abajo, el adentro y el afuera, el aquí y el allá; el tuyo y el mío. En la orgía se suprime toda exclusión. Acá el hombre está desnudo no ante sí, no ante el otro, sino ante los dioses. Así, en la orgía, se suprimen no sólo los condicionamientos de lo social, sino también los condicionamientos de los estratos más profundos de la psiquis. Luego, en la orgía estaríamos avanzando hacia la liberación total.
Ocurre con la orgía un descenso a las aguas, fluidos primordiales. Las aguas, los fluidos, como símbolo de lo femenino. Vuelta a la Diosa Madre. Victoria de la Vulva. Regreso a lo indiferenciado, al caos regenerativo. La orgía sucede siempre bajo el signo de lo femenino, no importa que haya hombres participando, no importa que esos hombres hayan seducido u obligado a las mujeres a tomar parte de la orgía. Una vez que se desencadene la orgía las mujeres mandan, son el centro, vacío a llenar, y los hombres obedecen; aun cuando crean que mandan.
Para subir al cielo hay que bajar al infierno. Toda luz emite una sombra. A todo santo le sale su satán. A todo Cristo su Anticristo. Por eso el muerto pare al santo. Por eso para vivir hay que morir. Por la misma razón el ocho simboliza la muerte y la eternidad al mismo tiempo. Por lo mismo el Cristo Crucificado, desnudo y sangrante, es al unísono el más débil y el más fuerte de todos los dioses. De modo que en el segundo del orgasmo se muere y a la vez se vive. Yovana parece verlo en el primer relato de este volumen: Se queda quieto. Tiene la frente muy sudada, los ojos cerrados y siento que va aflojando todo su cuerpo. Se va aflojando hasta que cae sobre mí, desvanecido (…) No sé qué hacer, tengo miedo y ganas de llorar”… Por ello el Tantra Yoga, y la mayoría de las vías de la iluminación, previenen sobre la emisión del semen. Por esa razón el hombre virilmente más poderoso no sería el que más se derrame sino el que más se contenga. Aunque al final ha de derramarse para empoderarse; aflojarse para fortalecerse. Morir para dar vida.
No por gusto, en las órdenes de caballería que procesaban el culto de la mujer, la prueba última del caballero, llamada asag, consistía en pasar una noche en el lecho con la mujer completamente desnuda sin realizar nin­gún acto carnal, no como una disciplina de castidad, sino para exasperar el deseo. Bajo el precepto, creo, de que quien sabe aguardar está en capacidad de disfrutar, vivir más.
Con el orgasmo se arriba al cielo, para inmediatamente caer en el infierno. Hemingway lo ve y lo plasma en Por quién doblan las campanas, en esa memorable escena en que los protagonistas tienen un orgasmo sobre la tierra y sienten que la misma se abre un abismo bajo sus cuerpos sudados.
Por ello el folklor nórdico ario está repleto de caballeros maculados, marcados, muertos en el intento de la conquista de las mieles del Grial. El Grial acá como continente, como vacío que espera un lleno. Narraciones que reflejan una edad arcaica de sexo sacramental, para la liberación de unas energías que conectan con lo divino; pura magia operacional. Es el secreto que preservaban muchas órdenes iniciáticas en el medioevo y el renacimiento, como los Templarios y los Fieles de Amor (a la que perteneció nada menos que Dante Alighieri), que entroncaban subterráneamente con los cultos mistéricos de la Diosa Madre, la Astarté-Ischtar que desde Asiria y Babilonia se expande por Egipto, Grecia y Roma, órdenes donde la mujer recibía al feligrés en su templo para juntos acceder a los dones de la diosa, diosa ella misma. Recuerden que templar viene de templo. Templar no sería otra cosa que tener acceso al templo.
Pero, la modernidad suele malearlo todo y ni el sexo escapa. Parece que lo moderno no inicia con esa sonsera de la Internet, sino con la desacralización del sexo. Al perderse la perspectiva numinosa de lo sexual, es sustituida por el honor que ahora viene a posarse en la entrepierna y, en consecuencia, al reprimirse el desempeño en la entrepierna en nombre del honor, ocurre entonces una revolución de signo contrario, sobre la que el filósofo tradicionalista italiano Julius Evola se limitaba a señalar el ca­rácter colectivo y, en cierto sentido, abstracto del erotismo y del tipo de fascinación que se concentra actualmente en los ídolos femeninos más recientes, en una atmosfera alimentada de mil maneras:  cine, revistas ilustradas, anuncios de tv,  espectáculos, concursos de belleza y demás.
Acá la persona real de la mujer es frecuentemente una especie de soporte casi enteramente desprovisto de alma, usada hasta para vender aspirinas y aspiradoras, un centro de cristali­zación de esta atmósfera de sexualidad difusa y crónica, de tal modo que la mayor parte de las estrellas de rasgos fascinantes, mujeres fatales como las ha popularizado el séptimo arte, en realidad, como personas, tienen cualidades sexuales muy mediocres y decadentes, siendo su fondo existencial, más o menos, el de mujeres ordinarias desviadas, con rasgos neuróticos y por lo mismo insatisfechas hasta la madre. Respecto a ellas, ha sido empleada muy justamente la imagen de las medusas con sus magníficos colores iridiscentes que se reducen a una masa gelatino­sa y se evaporan cuando se las coloca al sol, fuera del agua; el agua correspondería, en este caso a una atmósfera de sexualidad difusa y co­lectiva. Esta es la contrapartida en la mujer de esos hombres que se distinguen en la actualidad por su fuerza, por su masculinidad pura­mente atlética o deportiva, machos duros donde los haya, pero que, ay, igual que en el caso de la mujer se reducen a masa gelatinosa que se evapora nada más se les pone al sol. Es la atmósfera que se percibe en el último relato de este volumen, Fantasía de rabbit a dos manos: “Cierro los ojos porque la luz que entra por la ventana me molesta, pero no corro las cortinas porque imaginar que alguien nos observa provoca más punzadas en mi vagina. «I’m no good for you». Dice Lenny mirando a la american woman a los ojos y entra Johnny con su jeans roto y su sombrero de cowboy. «I am!», grita Johnny agarrándose la portañuela con una mano”…
De los múltiples ismos que asolan la psiquis presente surge la humanidad sin atributos, esa que da título a la novela del gran Musil, y si en la antigüedad las mujeres serían adoradas como diosas por hombres verdaderamente viriles, en la modernidad serían adoradas como muñecas por infelices fantoches. En el libro de Yovana vive una diosa, prosa precisa mediante, que reclama ser adorada y apuesta por el exorcismo final que nos regrese sin demora a la real religiosidad de la vulva victoriosa.