jueves, 30 de agosto de 2012

Apretaditos

Me estaba bañando y el agua caliente sacaba tu olor de mi cuerpo. Tu olor revolcado en mi epidermis después de una madrugada apretaditos, como dices, metidos uno dentro del otro mientras allá afuera se acaba el mundo. “¡Apriétame!" ordenabas con sutileza, y yo apretaba tus nalgas, tus hombros contra mi, clavándome en tu profundo. “¡Apriétame!” Y aprieto mi clítoris contra el chorro caliente que cae mientras mi piel perpetúa tus besos con barba, esos que ahora hacen que arda todo, y lo digo literalmente. Besos en numeración infinita porque fueron demasiados, ¿o sólo fue la ilusión óptica de tu lengua lamiendo lo que hallaba en su mirilla? Tu lengua intranquila que no censura ni “escrupuliza”. Siento tu lengua y los vapores del agua caliente me marean en tu olor. Mis dedos se pierden vagina adentro en un intento de reproducir tu pinga friccionando algún punto por allá dentro, que a esta altura me da lo mismo como se llame. El agua corre tetas abajo como corrían tus ojos que no paraban de mirarme, las tetas. De la misma manera que las mirabas cuando me conociste, sin censura, con descaro. Confieso que me avisaste que ibas a mirarme y a mirarme cuando me tuvieras apretadita, pero como me avisaste de tanto, ya no te creía. “¡Hummm!” Solo contestaba tus avisos. Tus ojos que no pararon de mirar y tus manos que eran la extensión de tus ojos tocando todo lo que miraban, esa madrugada bajo aguacero torrencial y fuerte viento, con el mundo acabándose allá afuera. Ahora bajo el fuerte chorro de mi ducha, reproduzco la madrugada en la punta de mis dedos mientras tu olor sale, sale. Y con el orgasmo fundido en mi mano-agua-caliente-sacando-tu-olor te veo mirándome con tus ojos inquisitivos y curiosos.

Fuiste el primero que vi al bajarme del carro. Solo, vigilante y barbudo, en el portal de N**. Miradas cruzadas. Entré como un tornado, dueña de todo, como suelo entrar a todos lados, y sé que tus ojos siguieron mis nalgas de la misma manera que escrutaron mis tetas cuando caminé hacia ti, hacia ustedes porque ya eran un grupo en el portal. Después de las presentaciones tardías, intentaste no despegarte de mí bajo cualquier pretexto. Atento, conversador por momentos, sonriente y mirándome, mirándome como si fuera lo único que valiera en ese preciso instante. Mirándome de la misma manera inquisitiva y curiosa como me miraste cuando desnudo de un tirón, empezaste a besarme con tu barba recién afeitada. “Lo que hace un hombre por tener a una mujer.” Pensé mientras miraba tu barba recién afeitada después que declarara públicamente que era alérgica al pelo de los animales y que no me gustaban las barbas, estaban old fashion. Te afeitaste y te desnudaste de un tirón sobre mi cama con una cerveza en la mano. Ansioso por besarme, por tocarme, por penetrarme y saciar tu insaciabilidad, como llamas a ese gusto perenne por sexo.

La tarde avanzaba, aquella tarde de tertulia en el Ranchito, frente al árbol milagroso y después frente al lago, a donde fuimos a expurgar nuestras malas vibraciones con el viento del sur que entraba a ráfagas rápidas y anunciaba la inminencia del huracán. Hasta ese momento todo fueron miradas y roces casuales en la cocina, en la terraza, en cualquier rincón donde coincidieran nuestras anatomías. ¿Coincidencias? Pensemos que sí. Hasta ese momento todo fue leve, pero regresamos restaurados del lago y la noche caía como el telón de D**, caía aprisa mientras se agotaban las cervezas, por lo menos las de mi gusto, y el cigarro mal enrollado pasaba de mano en mano, de boca en boca. La noche caía y tu deseo crecía sin control. Una banqueta baja, mi culo provocando y tú detrás de mi intentando acariciarme a escondidas. “¡Hummm!” Te regañaba cada vez que tu mano descaradamente, apretaba mi muslo, mi cintura, mi nalga. “¡Hummm!” Y te reías como un chiquillo travieso que sigue esperando la próxima oportunidad para repetir su jugarreta. La noche caía y tu deseo crecía. Luego vinieron en voz alta y para todos, tus poemas-canciones eróticos. “Cochinos”. Aseguraba N** y me reía porque acto seguido afirmaba que eras un cochino como yo. Tus poemas leídos-cantados con el apoyo en coro y percusión sobre silla de tu socio F** pintor. Tus poemas-canciones eróticos narrando templetas inmediatas o lejanas pero que invariablemente te llevaban a mi cuando en cada verso me mirabas de soslayo. Mirabas de soslayo mis tetas. La noche caía y seguías mirando mis tetas. La noche caía y tu deseo crecía. El mismo que hizo encerrarte a textear conmigo sin parar cuando como Cenicienta, me monté en mi carro y me desaparecí en la oscuridad del monte aquel después de medianoche.

Amaneciste texteándome, ansioso de sentirme. Todo el día texteándome. Contándome que hacían en el Ranchito, camino a la playa, está lloviendo, hice lentejas para todos. Seguiste texteándome hasta la noche. Precisabas verme, saber si eran ciertas las referencias que tenias de mí. Esas que hablaban de “cochinadas” como tus poemas y mis crónicas personales. Ese día pasaba cerca el huracán, a unas millas cerca, pero las suficientes para que se inundara el pueblo, lloviera torrencialmente y el fuerte viento del sur mantuviera desquiciados a los locos. La noche caía con el huracán cerca y me avisaste que irías a verme, pero como me avisaste de tanto, ya no te creía. Viniste. “Estoy afuera, esperando instrucciones.” ¿Cómo no recibir a un hombre recién afeitado que viene de madrugada bajo aguacero torrencial y fuerte viento, con el mundo acabándose allá afuera? Te abrí la puerta y te desnudaste de un tirón sobre mi cama con una cerveza en la mano. Ansioso por besarme, por tocarme, por penetrarme y saciar tu insaciabilidad, como llamas a ese gusto perenne por sexo. Te abrí la puerta y te colaste tras tu mirada inquisitiva y curiosa que era el inicio de tus manos. De tus manos que todo lo tocaban.

Apretaditos. Desnudos. Tu barba recién afeitada me hacia arder todo, y lo digo literalmente, mientras maldecías el condón que te distraía y no te hacia sentirme al 100%. Maldecías. Yo me reía de la repetición del mito de macho cubano. Pero tú seguías maldiciendo por el condón que te distraía. Apretaditos, besándonos sin parar, infinitamente, penetrados, tu lengua, mi lengua, batallando por las posiciones porque desnudos somos dominantes y posesivos. Batallando las posiciones. Woman on top. Man on top. Batallando apretaditos. Y tu pinga friccionando algún punto por allá dentro, que a esta altura me da lo mismo como se llame pero que hacia desbordarme en orgasmos, mientras me mirabas “hacer caras, gestos”, como dijiste. Apretaditos. Toda la madrugada bajo aguacero torrencial y fuerte viento, con el mundo acabándose allá afuera. Apretaditos. “¡Hummm!” Y ahora pensándote el orgasmo se funde en mi mano-agua-caliente-sacando-tu-olor, mientras te veo mirándome con tus ojos inquisitivos y curiosos. Apretaditos. Te veo tras el chorro caliente de mi ducha que saca tu olor de mi cuerpo. Apretaditos. “¡Hummm!”

Del libro "Exorcismo Final" (Editorial Bokeh, 2014)




martes, 28 de agosto de 2012

¿Emancipación masculina?

Tengo muchas amigas solteras y divorciadas que cada vez que coincidimos hablamos del tema recurrente entre mujeres: los hombres. Y últimamente este tema que por lo general está lleno de reproches y quejas contra ellos, tiene una queja única entre mis amigas: ahora los hombres le huyen al amor y al sexo con compromiso. Por mas conjeturas que hacemos sobre la posible causa de este fenómeno, y que ha ido desde "la culpa la tiene "la calentazón global"; "el exceso de amoniaco en el agua potable"; "las radiaciones de los celulares en el cerebro"; "las redes sociales y los juegos de vídeo"; o simplemente "los hombres son unos comemierdas y últimamente se les ha agudizado", todavía no hemos encontrado respuesta a este hecho.
Pero ayer en "mi momento de ducha" mientras le daba vueltas al asuntico, llegué a la conclusión que los hombres simplemente se están vengando de nosotras. Así de sencillo! Después de pasarnos todo el siglo pasado con nuestra emancipación femenina y demostrarles a ellos que nosotras no solo somos iguales o mejores que ellos social y profesionalmente, sino que además no los necesitamos porque ya podemos solas reproducir la especie accediendo a un banco de semen e inseminándonos artificialmente; podemos solas proveer y cuidar a nuestra familia con nuestro salario; podemos solas educar eficientemente a nuestros hijos desempeñando los 2 roles paternos; y además podemos llevar "una vida multitask" donde solas mantenemos un hogar sano y estable, una profesión con excelente rendimiento y participamos socialmente de cualquier evento sin perder el maquillaje ni las extensiones, pues ellos simplemente al ver todo esto, se cansaron de llevarnos la contraria pa' mantener las viejas reglas sociales, y ahora van a la revancha. Así de sencillo! Por tanto, en este siglo XXI los hombres decidieron "emanciparse" de todos los compromisos y responsabilidades que trae mantener una relación de pareja, liberándose en serio de sus roles tradicionales sociales y de familia, pa' darnos por la vena del gusto. Algo así como "si ustedes se emancipan de sus roles conyugales y sociales, nosotros haremos lo mismo y que le den a todas por el culo con su emancipación femenina de los cojones que las volvió autosuficientes!!"
Hasta aquí puedo entender el fenómeno y hasta aceptarlo, porque me parece bien que si nosotras preferimos estar solas que mal acompañadas, ellos piensen lo mismo. Igual mi experiencia de relaciones sentimentales me ha demostrado que en la práctica y en el fondo de todo, eso de ser un eterno solitario por la vida, solo le va bien a un grupo muy reducido de personas. Nosotros somos seres sociales y por mas que nuestra sociedad moderna repleta de "cacharros" tecnológicos nos conecte virtualmente con los demás y nos alinee a la soledad "real", realmente siempre necesitaremos algo mas que un "roce virtual" con alguien. Así que esta "moderna perreta masculina" puedo entenderla y hasta aceptarla, porque sé que en algún momento flaquearán y caerán irremediablemente en una relación real de pareja. Pero lo que si no acepto y me revienta los ovarios, es la excusa que la mayoría de los hombres ofrecen pa' huir del amor y el sexo con compromiso. Simplemente te dicen en la cara, frescos como lechugas que el compromiso atenta contra la libertad individual. Y aquí es donde yo me "sulfuro", salgo por el hueco de la capa de ozono, orbito tres veces alrededor del "acuaworld" y caigo con intensa reacción como un misil sobre el susodicho: "Hellooo? Libertad individual? ¿De que cojone me estas hablando, estúpido?. Llevas milenios pelándomela con tu posición de macho alfa de la manada, haciendo lo que te sale de la pinga, mientras nosotras nos quedábamos en la casa criando hijos, haciendo todas las tareas domésticas día tras día, sin derecho a educación, a votar, a trabajar fuera de la casa. Muchas hemos tenido que aguantar y sacar nuestra mejor sonrisa de pendeja mientras nuestros hombres iban por el mundo acostándose con cualquier piruja, cagándose en el respeto conyugal, en la confianza de pareja y en cuanta mierda te enseñan en la sicoterapia. Aguantando muchas incluso, hasta golpetazos y maltrato sicológico, ¿y ahora me quieres hablar de tu libertad individual? Por Dioooo, mira mejor cuento tres pa' que te pintes un bosque y desaparezcas en el, estúpido!" Pero ahí, después que hago pausa y respiro, pienso que definitivamente esta nueva etapa de nuestra civilización nos está llevando por el camino incorrecto y nos está volviendo seres deformes sicológicamente que lo único que hacemos es enriquecer las cuentas de bancos de siquíatras, sicólogos, terapeutas, farmacéuticos, sicoanalistas, sanadores, rehabilitadores y líderes de autoayuda, con nuestras fobias, paranoias, depresiones y sicosis. Y lo que realmente me asusta y preocupa de esta obstinada lucha social de géneros, es que en vez de igualarnos socialmente como debe ser, nos estamos desgastando en una batalla pasiva e inconsciente entre hombres y mujeres que no solo nos aleja irremediablemente a uno del otro, sino que ademas es antinatural por completo y puede llevarnos a la extinción como les pasó a los dinosaurios. 
Y como siempre que me pongo tan profunda con estos temas, termino invariablemente preocupándome por Carola y su futuro, porque no quisiera que Carola fuera una mujer sola de esas que pagan todo tipo de actividades sociales pa' personas solas, que viven en un estudio chulo pa' una sola persona, sin compromiso ni responsabilidades de hijos y familia, viendo eventualmente a un tipo que la invita un día a comer a un buen restaurante, al cine, a unas copas y después a templar toda la noche hasta que a la mañana siguiente cada cual se va a lo suyo hasta la próxima llamada telefónica de urgente necesidad espiritual y fisiológica. Por Diooo, de solo pensarlo me arrugo!! Porque definitivamente quisiera que Carola conociera el amor en los brazos de alguien, y que además, lo asumiera como una relación donde los dos tienen por igual responsabilidades y compromisos sentimentales, sociales y familiares. Donde cada uno cumpla las expectativas del otro y las suyas propias sin sacrificar la libertad individual y sin subordinarse sumisamente uno al otro. Y sobre todo que aprendan a convivir con malos y buenos tiempos, sin perder la maravilla de la vida. Porque quiero que Carola sepa que aunque su madre sea una loca-liberal-feminista-divorciada, sigue creyendo en el amor, en el compromiso y la responsabilidad de pareja. Y sobre todo, sigue creyendo que allá afuera existe un "hombre-combo", -entiéndase como bueno, inteligente, creativo, buena cama, liberal, sexy, blablabla- que la amará con locura y la hará muy feliz cuando aparezca. Porque en definitiva y repito, somos seres sociales y por mas que nuestra sociedad moderna repleta de "cacharros" tecnológicos nos conecte virtualmente con los demás y nos alinee a la soledad "real", realmente siempre necesitaremos algo mas que un "roce virtual" con alguien. Siempre necesitaremos de alguien que camine de igual a igual con nosotros por la VIDA... ¿o no?
Porque también puede ser que yo sea una antigualla social que no me adapto a los cambios sociales y que estos cambios sociales actuales nos conduzcan a la alineación social y total del individuo como única alternativa de sobreviviencia y preservación de la especie. Puede ser que esta emancipación tanto masculina como femenina, donde ninguno practique el amor y el sexo con responsabilidad y compromiso, sea el nuevo camino social de la Humanidad, y que algún día el matrimonio, el noviazgo, el concubinato, o cualquier otra forma de convivencia de pareja, sea una especie de "pieza museable" donde le enseñemos a las nuevas generaciones como éramos antes de que el amor y el sexo real se extinguieran pa' dar paso a una Humanidad que vive encerrada en su "virtual second life" y que sale de vez en cuando a tener furtivos encuentros de apareamiento real con otro de su especie, cada vez mas furtivos y espaciados, porque realmente pa' reproducir solo se necesita un laboratorio.
Por Diooo quisiera dejarlo antes del ¿o no? que puse al final del párrafo anterior porque realmente quisiera que Carola no se perdiera lo rico que es amar, sufrir, pelear, llorar, templar, desilusionarse, caerse, levantarse, ilusionarse, sentir "maripositas", anhelar, celar, tener miedo, VIVIR!! Pero escuchando las quejas de mis amigas que son cada vez mas seguidas y conociendo a hombres que después del segundo encuentro sexual desaparecen por un tiempo pa' huir del compromiso, temo mucho que podamos mantener la suficiente cordura social como pa' salvar al AMOR por los siglos de los siglos, amen!... Ojalá y me equivoque!! ... digo yo.


miércoles, 8 de agosto de 2012

Amante Diferente. (Poema)


Para cuando aparezcas, para cuando me pienses, para cuando estés solo y las dudas te asalten comiéndote hasta el tetuano, para cuando sea tarde, de noche, oscuro y sin sentido, siempre piensa que existe una cama ajena en un cuarto de hotel donde fuiste feliz por unas horas en otros brazos. 
Gracias por la madrugada, por el amanecer que imaginamos frente al mar, por la tertulia, por el vino, por la vela roja nítida y por el masaje que nos voló los sentidos hasta volvernos carne y deseo por horas. Gracias!!




Amante diferente

Desnudos entre cannabis y vino
los dos a 20 millas de distancia
y tu boca me enloquece en una cama ajena
-ajena para ambos-
cuando tu olor es mi olor
y me pierdo
penetrada
succionada
-perdida-
tus manos en mis nalgas
azotándolas
y todo empieza otra vez
y otra vez
y otra vez
con tu tetilla en la punta de mi lengua
mi lengua
tu lengua
y tu cabeza vaciándose a recuerdos
puta nostalgia de otro cuerpo
que intentas reproducir en el mío
orgasmo tras orgasmo
sin lograrlo
sin desencadenarte
aunque permanezcas a 20 millas de distancia de mi
y puedo recordarte mirada extensión de tu saxo
y puedo volverme ahora otra vez mirada
dedos
gemidos
y desaparecer tras tu desaparición mental
y puedo volverme lo que quieras
lo que sea que quieras para borrar tus recuerdos
a punta de mi lengua en tu tetilla
y otra vez
y otra vez
y otra vez
aunque sigas a 20 millas de distancia
lejos de mi en esta cama ajena –para ambos-
aunque pronostiques huidas extensas
igual yo no tengo complejo de Penélope
ni tengo anden
bolso
o paciencia
igual seguiré sentada en mi misma esperando
esperándome
igual tocaré tu saxo y aguantaré tu mirada penetrante
penetrándome
aunque insistas estar a 20 millas de distancia
lejos de mi
amante diferente de mas de dos neuronas
aunque insistas
lejos de mi

lunes, 6 de agosto de 2012

La penúltima travesura.


Era la segunda Heineken que me tomaba cuando te vi salir de la piscina. Mojado, con las goticas clorificadas resbalando por tu espalda, brillando sobre tu tatuaje. Por poco no vengo al cumpleaños de mi amiga, estuve así de cerca de no venir, pero ahora mirando tu cuerpo musculoso y mojado, con esos shorts enormes para la playa que permiten imaginar cualquier monstruo o bicho por allá abajo, respiré profundo y pensé que quizás valió la pena venir. Te volteaste, vi tus otros dos tatuajes y supe que irremediablemente tenía que probar con mi lengua la tinta de esos dibujos sobre tu piel. Salivaba. Involuntariamente me mordí el labio inferior mientras miraba fijo tu abdomen plano, perfectamente plano. Calculé tu edad: ¿18, 19? “¡Yemayá que sean 21 para no entrar en ilegalidades innecesarias!” Imploré. Tragué de un tirón el último sorbo de mi Heineken y saqué mi cámara. Me gusta atesorar imágenes que después puedan aplacar los recuerdos en mi vagina. Te fotografié de espaldas, mojado, con tu mohawk intacto por obra y gracia de algún gel para pelo. Le pregunté curiosa por ti a mi amiga cumpleañera. “Es un compañero de trabajo de mi nuevo amigo. (Pausa) Vino solo. ¿Quieres que te lo presente?” Definitivamente nosotras las mujeres tenemos ese sentido para olfatear la llamada del sexo. Mi amiga diligente, enseguida hizo una presentación muy casual: “ven para presentarte a mi amiga que quiere conocerte”. Y te trajo, mojadito y brindándome una cerveza. Yo te observaba imperturbable porque durante años aprendí a calcular a los hombres con una máscara china sin sentimientos, como me enseñó mi maestro de Negociaciones. Hablamos de tatuajes, de piercings cuando descubrí que tenías uno en la lengua. Hummmm pensé, hora de atacar porque el tiempo pasa y tengo que irme temprano a otro compromiso. “Nunca he estado con un hombre con un piercing en la lengua” Te dije mientras tragaba mi sorbo de Heineken saboreando la boca de la botella sin importarme las semejanzas ni las puras coincidencias. Ya había llegado al punto de ebullición donde no se necesitan advertencias sobre posibles contenidos adultos. Te reíste descaradamente y me encantaba que fueras cubano, así las insinuaciones no tenían que ser explicadas constantemente. “¿Qué edad tienes?” Me preguntaste. Te miré fijo a los ojos y te dije bajito: “la suficiente para ser tu madre, pero tranquilo que no lo soy”. Y volviste a reírte descaradamente. Yo miraba tus labios mojados por la cerveza, veía como tragabas, como saboreabas el sabor amargo de la levadura en tu lengua, como te corrían las goticas de agua por tu abdomen perfectamente plano y sentía que estaba abandonada sobre el cráter de un volcán activo en pleno sábado de Julio. Sudaba por todas partes, por las descubiertas y las escondidas, las más profundas. Sudaba imaginando tu cuerpo bajo mí, woman on top de puro vicio. “¡Ay Yemayá bendita que estos cuerpos debieran estar encerrados para que no vayan por ahí provocando a las madres solteras de salud frágil como la mía!” Y recordaba que la Tania mi madre, nunca tenía mas razón que cuando exclamaba: “juventud, divino tesoro”. Sudaba y te imaginaba desnudo dándome pinga, porque yo sabía de primera mano que los muchachos de 21 años les encantan dar pinga, dar pinga, dar pinga, como maltratadores. Y sudaba imaginándote con esa pinga joven, repleto de sangre, vaciándote el cerebro de oxígeno. Y sudaba.
Tenía que irme. Ya habíamos cantado el “happy birthday”, ya tenía varias cervezas en sangre y por delante un compromiso no cancelable. “¡Ay Yemayá tú haces cada cosa!” Suspiraba. Tenía que irme. Miré la hora. Tenía que irme hace una hora y media, y seguía pegada como con “creisi glú” a aquella silla plástica, mirando tus labios mojados hablar de cualquier trivialidad, tomando cerveza con la botella alzada, la cara alzada al cielo y la boca abierta. ¡Diooooo tu boca abierta! Como para besarte desordenadamente, sin control, morderte esos labios, masticarte esa boca, chuparte esa lengua, meterte la mía hasta la garganta y tomarme tu saliva como una perra sedienta en el desierto. Tenía que irme. Me levanté de aquella silla remaldiciendo los compromisos, los amigos que me esperaban, la noche perdida lejos de tu cuerpo mojado, de tu abdomen perfectamente plano, de tu boca abierta tragando cerveza. Pero tenia que irme. Fui corriendo hasta mi carro, busqué una tarjeta y regresé a besarte de despedida en la puerta. “Aquí tienes mi celular, llámame.” Te dije y te reíste descaradamente.
Había roto mi propio record en velocidad: salir de la fiesta, manejar apurada 10 millas hasta la casa, bañarme, maquillarme, entaconarme, montarme en el carro y manejar 20 millas más hasta la galería, todo en 45 minutos. Llegué con el pelo mojado de la ducha, aturdida y saludando a los amigos que esa noche había demasiados. Conversaba con todos, me reía, hacía fotos, tomaba mucha agua porque la Heineken ya estaba haciendo sus estragos y sólo pensaba en tu cuerpo desnudo y mojado, tus tres tatuajes y el piercing en tu lengua. Te tenía clavado en mi cabeza, haciendo gestos lascivos para que besara tu boca abierta, reventándome la lujuria en números infinitos. Y la intranquilidad de tenerte desnudo en mi cabeza, me tenía de un lado a otro de la galería. Un amigo, ex amante, me acosaba, quería un reencuentro a oscuras y encendidos, y yo me desprendía protocolarmente de sus ansias. Otro llegaba y me presentaba unas personas de las que no recuerdo ni su nombre, aunque conversamos por un buen rato. Aquel se metía conmigo lanzándome piropos y la mujer del pintor le hacía bromas a costa de su deseo por poseerme. Creábamos juegos de palabras con el chorizo en salsa cortado en rodajas o entero. Risas escandalosas. La sangría de frutas repletas de alcohol hacía lo suyo entre los visitantes. Una foto largamente esperada porque el fotógrafo improvisado no sabia donde meter el dedo y nos tuvo buen rato de pie, inmóviles, mirando al lente como idiotas. Unos amigos sin años de vernos. Recuerdos, preguntas, actualizaciones. Afuera una cantante entonaba canciones diversas, una tras otra. La gente camina de galería en galería,  y yo seguía con mi intranquilidad que me tenia sin poder concentrarme, porque tú seguías ahí, clavado en mi cabeza, desnudo, con tu abdomen perfectamente plano, tus tres tatuajes y tu piercing en la lengua.
Hora de cerrar. Mi ex amante insiste en ir a una sala de teatro cercana donde anunciaron una descarga de poesía, canciones y tertulia. Me dejo arrastrar en una aventura que no me apetece con tal de no pensar en tu boca abierta, mojada por la cerveza, tragando sorbos grandes y tus labios moviéndose bajo mis ojos hipnotizados. Teatro vacío, cerrado, todo terminó. Breve tertulia en el parqueo con unos queridísimos amigos que nos siguieron con la esperanza de continuar la noche con nosotros. Y yo no logro vestirte, ni siquiera secarte, y ya temo te me enfermes si sigues así clavado en mi cabeza con esta humedad que presagia un fresco sereno, como decía mi abuela. Mi lengua está seca de tanto que he lamido tus tatuajes, uno a uno, los tres a la vez, con tu piercing en mi boca, en mi clítoris, en mi boca, en mi clítoris. Mi lengua está seca y no logro sacarte de mi cabeza, maldito muchacho de 21 años con tres tatuajes y un piercing en la lengua.
Dejo a mi ex amante de regreso en su carro. Antes de bajarse hace un último intento por convencerme que la noche será más animada a su lado. Me besa con deseo y yo respondo a medias. Protesta: “¿Por qué eres tan mala conmigo, tan fría?” Lo tranquilizo prometiéndole futuros encuentros, muchos más pasionales. Se despide y arranco a toda velocidad. Expressway arriba y el aire de la noche me alivia la calentura. Un poco. De pronto te veo nuevamente debajo de mí, desnudo y mojado. Eric Clapton no coopera con su guitarra: “I say, my darling you were wonderful tonight…” Llamo a mi amiga cumpleañera: “¿Cómo terminó todo?” “No ha terminado.” Afirma. “Aquí estamos todavía en la piscina, tomando cervezas y bailando belly dance. (Pausa) Y está todavía el muchachito que te gustó.” No lo pienso. “¡Pues para allá voy!” Le digo. Otra vez rompo record de velocidad y entro al parqueo de su casa chillando gomas. Aquello era un cuadro del viejo Chagall. Todos en ropa de playa, mojados, semiborrachos, una muchacha vestida de bailarina de belly dance bailando, tú mareado sobre un enorme salvavidas en el centro de la piscina, yo en tacones que retaban la gravedad, maquillada y ansiosa. “¡Ay Yemayá!” Cerveza va y viene. Conversaciones banales. Logras recuperarte. Ya es tarde y empiezan las despedidas. Disimulo, me hago la atrasada y te atrapo. “¡Sígueme!” Ordeno montándome en mi carro. Calles oscuras, vueltas sin control, un parqueo vacío. Tú en mi carro, mojado, medio desnudo, asiento posterior y finalmente, sé lo que es tener tu piercing en la lengua dándole sin parar a mi clítoris. Sin parar hasta hacerme daño porque definitivamente un experimentado de 40 años sabría usarlo con más arte, pero igual no conozco a uno de 40 con piercing en la lengua. Así que recuerdo a mi madre que dice que a un gustazo, un trancazo. Y ahí te tengo, gustazo de 21 años, con tres tatuajes y un piercing en la lengua. Ahí te tengo, finalmente bajo mí, woman on top de puro vicio. Recostado sobre el asiento posterior de mi carro, con mi clítoris dañado, con tu pinga clavada en mi vagina a punto de afectarme el cuello uterino, tu lengua descontrolada en mi boca y mi cintura logrando romper la incomodidad del espacio diminuto con mas movimientos que los permitidos por la edad. ¡Aquí te tengo! ¿Y quien dijo que 21 años son nada? Quien lo dijo no te tuvo desnudo y mojado, con tu abdomen perfectamente plano, tus tres tatuajes y tu piercing en la lengua, a la 1 de la mañana, una noche de un sábado demasiado ocupado, reventándose en un orgasmo sobre ti. ¡Ay Yemayá bendita! Y duermo finalmente esa noche, sin tenerte clavado en mi cabeza, con una rodilla raspada por ser woman on top de puro vicio, con cremita en mi clítoris y con una sonrisa que no se me borra ni en sueños.

Del libro "Exorcismo Final" (Editorial Bokeh, 2014)