jueves, 4 de junio de 2015

Exorcismo Final en su segunda edición (revisada y corregida)



Regresa en su segunda edición, Exorcismo Final, el libro de narraciones eróticas de la escritora cubana Yovana Martínez, que después de publicado en octubre de 2014, en solo 6 meses se agotó la primera edición, y fue además, censurada su portada original en varios programas de televisión como Encuentro con Camilo Egaña (CNN En Español), así como la lectura de algunos cuentos en público bajo el criterio de “muy fuertes”, “casi pornos” o “demasiados calientes”.
 Exorcismo Final es el primer volumen de relatos eróticos de la autora, donde narra la vida sexual de una mujer desde su adolescencia hasta sus 40 años. Las narraciones inician con el día que perdió la virginidad, y los 26 cuentos están contados en primera persona y cronológicamente, adentrándonos a un mundo de desamor y amor de pareja; de sexo, deseo y morbo donde la búsqueda de la pareja y la felicidad es el objetivo principal. Contados de manera coloquial y muy desinhibida sin prejuicios y censura, pero sin caer en lo obsceno, como si fuera un filme repleto de imágenes, Exorcismo Final nos atrapa desde su primer cuento y nos sume en una vorágine de sentimientos que van desde la risa al llanto, envolviéndonos en una fiebre que nos impide soltar el libro.
Uno de los cuentos incluidos en este volumen, “Fotografía de encuentro”, fue finalista de la I Edición del Concurso de Narrativa Erótica “Los Cuerpos del Deseo”, e incluido en la Antología de Narrativa Erótica “Los Cuerpos del Deseo”, (Neo Club Ediciones y Alexandria Library, 2012).
De Exorcismo Final han dicho algunos escritores cubanos reconocidos:
 “Con el sexo nacemos, del sexo morimos. No sé por qué, pero las mujeres son las primeras en darse cuenta de esta inefable implosión. Y este libro sella con ejemplar alcance un determinado lenguaje íntimo, correspondiente a la biografía como género literario. Yovana subraya mediante la narrativa erótica cómo se puede llegar a ser, por medio de lo más odiado, lo más censurado y moralmente más debatido por siglos, un ser para la resurrección. La autora enaltece la experiencia sexual como un medio para la transformación humana”. (Ángel Velázquez Callejas. Escritor, ensayista e historiador cubano)
 “Exorcismo Final, un libro que un lector mojigato puede considerar escatológico, hasta horrible. Para mí, relatos con sobrada autenticidad que prorrumpen de los recuerdos más oscuros que habitan afinados en la memoria de su autora. Demonios con los que Yovana ha de convivir irremediablemente…”. (Denis Fortún. Escritor cubano)
 “… es un volumen de relatos sobre lo sagrado, sobre el sexo como máxima manifestación de lo sagrado en el mundo físico. (…) En el libro de Yovana vive una diosa, prosa precisa mediante, que reclama ser adorada y apuesta por el exorcismo final que nos regrese sin demora a la real religiosidad de la vulva victoriosa”. (Armando de Armas. Escritor y periodista cubano)
Exorcismo Final (CAAW 2015) de Yovana Martínez, es desde ya, un libro imprescindible dentro de la literatura erótica contemporánea y dentro de la temática sexual femenina.

Sobre la autora:
Yovana Martínez Milián (Ciudad Habana. 1970)
Productora de televisión y guionista por más de 20 años.
Licenciada en Dirección de los Medios de Comunicación en la Facultad de Comunicación del ISA, en La Habana.
Actualmente vive en Florida, EE.UU.

Sobre Exorcismo Final:
Cuentos, Ficción Erótica
·         Exorcismo Final, (Bokeh 2014) Tapa dura, 180 páginas. 1ra Edición (Agotada)
·         Exorcismo Final (CAAW Ediciones, 2015) Tapa blanda, 192 páginas. 2da. Edición revisada y corregida.
Exorcismo Final (CAAW Ediciones, 2015) también está disponible en Ebook en todos los sitios online de ventas de libros digitales. (Smashwords, ITunes, Barnes&Noble, Kobo, Baker & Taylor Blio, Scribd, OverDrive, entre otros)

(Press Release en Español, 16 de mayo, 2015)


lunes, 9 de febrero de 2015

Espiral de Vida (Dedicado al buen maestro Fonseca)

Maricela me contó llorando, las últimas horas de vida de su esposo, el buen maestro Fonseca. Cuenta Maricela que en la última hora de vida de su esposo, ella apoyó la cabeza sobre su pecho escuchando su corazón. Durante 40 minutos estuvo quieta sobre el corazón del poeta, escuchándolo latir hasta que paró. Y me repitió varias veces ahogada en llanto: “ese corazón de la vida mía… ese corazón de la vida mía”, señalando una foto del buen maestro Fonseca que ilumina la sala de su casa.
Quienes los conocíamos, sabíamos cómo el buen maestro Fonseca cuidaba a Maricela, como si ella fuera de cristal y al menor movimiento brusco se deshiciera en vidriecitos multicolores. “Me sobreprotegía demasiado”, comentaba Maricela, y era cierto. Maricela lloraba sin consuelo y de pronto se secaba sus lágrimas, y exclamaba: “pero tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte porque él lo quería así”.
De camino a casita comenté con Jorge sobre el tema, hablé de Maricela y Fonseca, y salté a mis padres, a mi padre quien cumplirá este febrero otro año de muerto y medité en la noche un poco sobre las parejas, donde generalmente el más “fuerte” se va primero y deja al otro con un largo camino aún por transitar en esta vida con ese vacío junto a él que algunos nunca superan, o se demoran en superar.
Meditaba que el buen maestro Fonseca, al igual que mi padre, decidieron irse porque sabían que no eran los únicos “más fuertes”, ni siquiera intentaron serlo, y como regalo de Vida ofrecieron su último acto de amor. Simplemente en su infinito acto de amor  evitaron que al enfrentar “una larga y penosa enfermedad” donde el organismo se deteriora demasiado y el espíritu cabecea entre la duda y la debilidad, sus parejas se deshicieran en vidriecitos multicolores arrastrándolos a ellos como en un alud irremediable montaña abajo. Ellos sabían que todos somos de cristal y necesitamos protegernos. A veces Jorge me lo repite cuando protesto por su sobreprotección: “claro que eres de cristal y tengo que cuidarte”, yo le sigo protestando, pero anoche lo entendí.
Y eso fue lo que el buen maestro Fonseca le ofreció a Maricela, lo que mi padre le ofreció a mi madre, lo que mi socio Alfredito le ofreció a Yuset, y lo que muchos más ofrecen diariamente cuando deciden morir “así de pronto”, sin avisarnos, sin prepararnos. Nos ofrecen su último acto de amor: cuidarnos hasta el infinito para que no nos deshagamos en vidriecitos multicolores porque todos somos de cristal. Y en ese acto de Vida/Muerte/Vida nos confirman que somos una espiral de vida siempre donde algunos simplemente se van porque tenemos que seguir viviendo otros, sin muletas, porque todos somos fuertes aunque seamos de cristal y la Vida debe continuar.
Y ellos lo entendieron con esa lucidez cegadora que da la Muerte cuando silenciosamente se sienta a tu lado, y te acaricia como una amante amorosa, y puede estar ahí semanas, años, días, sentadita en silencio mirando por nuestra ventana a nuestro lado, aunque quienes nos rodean no la vean, ni siquiera la respiren. Pero ellos lo entendieron con esa lucidez que da la Muerte. Es mejor morir “así de pronto”, los que se creen más fuertes porque todos somos de cristal y cualquier movimiento brusco puede deshacernos en vidriecitos multicolores, y destruir todo ese mundo bello que hemos creado alrededor nuestro. Lo entendieron, es necesario morir para que tú puedas seguir viviendo y el dolor, la pena, la miseria de mi cuerpo, los momentos de debilidad, duda, temor que tenga por la enfermedad, no te deshagan en vidriecitos multicolores y arrastre todo lo que amamos como en un alud irremediable montaña abajo.
Gracias buen maestro Fonseca por esa lección de vida y amor. ¡Gracias!
Y no te preocupes, algún día Maricela también entenderá que tu último acto de amor y poesía fue dejarle la vida porque somos una espiral de vida, siempre. Yo sé que lo entenderá porque después de repetir llorando: “ese corazón de la vida mía… ese corazón de la vida mía”, de pronto se secaba sus lágrimas, y exclamaba: “pero tengo que ser fuerte, tengo que ser fuerte porque él lo quería así”. Ella ya lo está entendiendo como yo lo entendí.
¡Gracias!
Luz y progreso para tu espíritu y aquí te recuerdo tus versos para que los declames en ese sitio de luz donde la Muerte te llevó, cuando silenciosamente se sentó a tu lado, y te acarició como una amante amorosa, aunque nosotros ni siquiera la vimos, ni la respiramos.
“Me costaría noches emprender un viaje:
cicatrices del cielo, mi perro asolado
las ventanas y el único paisaje huyendo
siempre adentro, cloaca y asombros.
Mi cuerpo comienza a separarse
por las hendiduras se advierten síndromes.
Al otro lado es el fuego, la noche, los augurios.
Puede que suenen campanas, recogimiento
Y todo haya concluido: cinematógrafo
descubrimiento, la tarde perdiéndose”.
("Cicatrices del cielo", Alejandro Fonseca, 2010)


jueves, 5 de febrero de 2015

La arqueología de Yovana Martínez

Por: Angel Velázquez Callejas
(Publicado en Neo Club Press. Enero 13, 2014)
Exorcismo final (Bokeh Leiden, 2014), de Yovana Martínez, no es un libro que deba considerarse pornográfico. Su retórica puede que esté jugando con ciertas imágenes al límite, incitando al morbo, cuestión esta que provoca realce a favor y en contra. Pero este es un libro erótico que se esfuerza por transgredir el lenguaje sexual. Mi modesta observación es que la autora ha intentado explayarse sobre un tema tabú, con el cual sobrepasa la frontera de lo estrictamente erótico para ironizar el lenguaje. En cuanto al tema y al simbolismo, esas imágenes fluyen como ardides para mantener activo el idioma que se expondrá más adelante.
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Lo he leído hasta el final y declaro: si realmente existe una fenomenología sobre el sexo en la que la autora se ha apoyado para exponer, es porque su ritmo en el tiempo también acarrea la destrucción. Con el sexo nacemos, del sexo morimos. No sé por qué, pero las mujeres son las primeras en darse cuenta de esta inefable implosión. Y este libro sella con ejemplar alcance un determinado lenguaje íntimo, correspondiente a la biografía como género literario. Yovana subraya mediante la narrativa erótica cómo se puede llegar a ser, por medio de lo más odiado, lo más censurado y moralmente más debatido por siglos, un ser para la resurrección. La autora enaltece la experiencia sexual como un medio para la transformación humana.
Los “tantristas” plantean que la puerta real al universo se encuentra a través del sexo. Que no existe mejor experiencia que la sexual para alcanzar vislumbres acerca de la plenitud del amor. Solo que ellos han hablado del amor en abstracto, sin ninguna manifestación fenomenológica. Allí donde el sexo alcanza el pico más alto, por unos instantes se experimenta cómo la mente se detiene, cómo los pensamientos cesan y el idealismo muere, y entonces se abre una puerta; es cuando por sorpresa se entra en el laberinto del misterio de la vida: el espíritu comienza a exorcizar y a preguntar (sin hallar respuestas adecuadas) en qué consiste la existencia y, por añadidura, la procreación. Hay quienes viven la experiencia y la callan. Hay quienes se tornan espíritu para contarla. El caso de Yovana es sui generis: acude a la historia, a sus tropiezos y al deseo de experimentar. Tal y como lo veo, es a través del morbo del sexo que su vida se convierte en una búsqueda y una transformación. Y esa biografía radical se tiene que manifestar en algo estético: el nacimiento de su hija.
¿Por qué Yovana Martínez escribe cuentos eróticos, en qué consiste ese impulso por lo narrativo? La manera en que formulo esta pregunta puede que nos dé la clave de su poética. Ha titulado este libroExorcismo final, una especie de auto-arqueología que descubre, bajo los escombros del pasado, el sentido del amor en casi todas sus posibilidades, y finalmente la procreación. Y no es que el amor se traduzca como simple práctica sexual, sino como un objetivo trascendental. Lo que despierta su aliento ante la vida es la creación, y ella pasa por el placer.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Yovana y el sacerdocio de lo sexual


Por: Armando de Armas
(Palabras de presentación del libro publicadas en Otro Lunes)
Exorcismo Final, Bokeh 2014, de la exiliada cubana Yovana Martínez, es un volumen de relatos sobre lo sagrado, sobre el sexo como máxima manifestación de lo sagrado en el mundo físico.
Mención aparte merece el dios griego Pan porque éste encarna como ningún otro un aspecto de la sexualidad que es, en definitiva, un aspecto consustancial a la divinidad, me refiero al temor, y al terror, que inspira lo condicionante sobre lo condicionado, lo inmortal sobre lo mortal. Por ello lo pánico puede referirse lo mismo al miedo incontrolable que al deseo sexual incontrolable. El pánico, obvio, lo produce Pan. Cuando en Cuba las jineteras declaran que van a hacer el pan se refieren en un plano consciente a que van en busca del sustento mediante la molienda en la entrepierna, pero quizá también habría en esa declaración una invocación inconsciente para laborar eficazmente sobre el falo bajo los auspicios del viejo Pan.

Mi amigo el poeta Armando Álvarez Bravo suele asegurar que en la modernidad las únicas instituciones serias que quedan son la Mafia Siciliana y el Opus Dei.
Pero el sexo no deja de ser serio, es decir sacro, ni aun siendo enlatado y rentado en el porno exprés o, miren ustedes, ni siquiera en aquel inefable momento estadounidense en que Bill Clinton y Monica Lewinsky dijeron que la práctica entrambos del sexo oral aliñada con un heroico habano en el despacho Oval de la Casa Blanca no era una relación sexual o, para rematar, ni siquiera cuando la feminista Hillary dijo, en defensa de la familia, que todo no era más que una conspiración de la demoniaca derechona.
Los antiguos, tan sabios, tenían sus dioses y demonios para el desenvolvimiento sexual. Así, por ejemplo, los romanos tenían a Venus, los judíos a Lilith, los arios a Freyja, los griegos a Eros y Afrodita, los egipcios a Anuket, y los yoruba a Ochum.
Por ello tal vez Yovana escribe en el relato La sorpresa, del volumen que presentamos:
armando-de-armas-2-otraopinion-OtroLunes35“Tengo miedo, y como siempre, el miedo me paraliza. Debo tener mis ojos enormes de vaca abiertos a todo lo que dan por el miedo, porque me arden (…) Me asusta la mano de mi novio desabotonándome la saya para meter la mano en mi blúmer (…) Se escupe una mano y se frota con esa mano la pinga. Se pone sobre mí y sin darme cuenta me mete la pinga. Doy un grito de dolor, pero él me tapa la boca, mientras se esfuerza por seguir metiéndome la pinga dura. Siento como si estuviera metiéndome un edificio a empujones por ahí para adentro. Me duele, me arde (…) Tengo miedo, me duele y no puedo moverme (…) De pronto hace como la otra noche. Se pone rígido, convulsiona como si tuviera un ataque epiléptico y de adentro de la garganta le sale un ruido raro como de un animal salvaje”…
El dolor y el deseo, la muerte y la inmortalidad, el miedo y el alma, lo sucio y lo sublime, el poder y la perversión, el alimento y la abstención, lo caníbal y lo celestial, la orgía y la gloria son expresiones consustanciales al sexo y a lo sagrado; al sexo como expresión última de lo sagrado.
El temor de Dios no es una fábula de pacatos, es una prevención de los pragmáticos. Por ello nadie en su sano juicio entre los antiguos semitas osaría acercarse al Arca de la Alianza sin la debida prevención y protección iniciática. Dios es fálico, mata y se expande mediante el falo. Lo intuye Yovana cuando escribe en el relato Vieja columna para un Lobo Estepario, de este libro,  que una “columna puede ser la única ascensión posible al cielo. Y mucho más si detrás de esa columna me esperas tú”…  Si detrás de esa columna acecha Dios, digo yo.
En todas las religiones primordiales el devoto devora al dios, para incorporar, apropiarse de sus propiedades. Es lo que sobrevive sublimado en el acto de tragar la Venerable Hostia y de beber el Venerable Vino en el sacramento de la Eucaristía o Santa Misa. Nada menos que jamarse, como diría Yovana, no sólo la carne sino también la sangre de Cristo simbolizados en la harina de trigo y en la uva podrida. Lo más bajo por lo más alto. El vicio por la virtud.
Por ello en el folklor cubiche jamarse la jeva es consumar el acto sexual. Por ello se le llama vianda al falo, papaya a la vagina, leche al semen y pastel a la orgía. Por ello ante el hambre y el ateísmo impuestos en la isla por los comunistas, al cubano no le ha quedado otra que darse al hartazgo del sexo no sólo como sucedáneo del alimento sino del alma. Con los peligros del alma hemos topado.
No habría aventura como la experimentada en los misterios orgiásticos; en los ritos de las festividades agrarias. Allí donde desaparecería todo pensamiento pecaminoso, todo sentido de culpa, porque el individuo logra salir del sí mismo, expandirse en lo colectivo tribal, en el ejercicio desaforado del sexo en un sentido sacrificial; sexo sacramentado. Auténtica aventura en que se difuminan el arriba y el abajo, el adentro y el afuera, el aquí y el allá; el tuyo y el mío. En la orgía se suprime toda exclusión. Acá el hombre está desnudo no ante sí, no ante el otro, sino ante los dioses. Así, en la orgía, se suprimen no sólo los condicionamientos de lo social, sino también los condicionamientos de los estratos más profundos de la psiquis. Luego, en la orgía estaríamos avanzando hacia la liberación total.
Ocurre con la orgía un descenso a las aguas, fluidos primordiales. Las aguas, los fluidos, como símbolo de lo femenino. Vuelta a la Diosa Madre. Victoria de la Vulva. Regreso a lo indiferenciado, al caos regenerativo. La orgía sucede siempre bajo el signo de lo femenino, no importa que haya hombres participando, no importa que esos hombres hayan seducido u obligado a las mujeres a tomar parte de la orgía. Una vez que se desencadene la orgía las mujeres mandan, son el centro, vacío a llenar, y los hombres obedecen; aun cuando crean que mandan.
Para subir al cielo hay que bajar al infierno. Toda luz emite una sombra. A todo santo le sale su satán. A todo Cristo su Anticristo. Por eso el muerto pare al santo. Por eso para vivir hay que morir. Por la misma razón el ocho simboliza la muerte y la eternidad al mismo tiempo. Por lo mismo el Cristo Crucificado, desnudo y sangrante, es al unísono el más débil y el más fuerte de todos los dioses. De modo que en el segundo del orgasmo se muere y a la vez se vive. Yovana parece verlo en el primer relato de este volumen: Se queda quieto. Tiene la frente muy sudada, los ojos cerrados y siento que va aflojando todo su cuerpo. Se va aflojando hasta que cae sobre mí, desvanecido (…) No sé qué hacer, tengo miedo y ganas de llorar”… Por ello el Tantra Yoga, y la mayoría de las vías de la iluminación, previenen sobre la emisión del semen. Por esa razón el hombre virilmente más poderoso no sería el que más se derrame sino el que más se contenga. Aunque al final ha de derramarse para empoderarse; aflojarse para fortalecerse. Morir para dar vida.
No por gusto, en las órdenes de caballería que procesaban el culto de la mujer, la prueba última del caballero, llamada asag, consistía en pasar una noche en el lecho con la mujer completamente desnuda sin realizar nin­gún acto carnal, no como una disciplina de castidad, sino para exasperar el deseo. Bajo el precepto, creo, de que quien sabe aguardar está en capacidad de disfrutar, vivir más.
Con el orgasmo se arriba al cielo, para inmediatamente caer en el infierno. Hemingway lo ve y lo plasma en Por quién doblan las campanas, en esa memorable escena en que los protagonistas tienen un orgasmo sobre la tierra y sienten que la misma se abre un abismo bajo sus cuerpos sudados.
Por ello el folklor nórdico ario está repleto de caballeros maculados, marcados, muertos en el intento de la conquista de las mieles del Grial. El Grial acá como continente, como vacío que espera un lleno. Narraciones que reflejan una edad arcaica de sexo sacramental, para la liberación de unas energías que conectan con lo divino; pura magia operacional. Es el secreto que preservaban muchas órdenes iniciáticas en el medioevo y el renacimiento, como los Templarios y los Fieles de Amor (a la que perteneció nada menos que Dante Alighieri), que entroncaban subterráneamente con los cultos mistéricos de la Diosa Madre, la Astarté-Ischtar que desde Asiria y Babilonia se expande por Egipto, Grecia y Roma, órdenes donde la mujer recibía al feligrés en su templo para juntos acceder a los dones de la diosa, diosa ella misma. Recuerden que templar viene de templo. Templar no sería otra cosa que tener acceso al templo.
Pero, la modernidad suele malearlo todo y ni el sexo escapa. Parece que lo moderno no inicia con esa sonsera de la Internet, sino con la desacralización del sexo. Al perderse la perspectiva numinosa de lo sexual, es sustituida por el honor que ahora viene a posarse en la entrepierna y, en consecuencia, al reprimirse el desempeño en la entrepierna en nombre del honor, ocurre entonces una revolución de signo contrario, sobre la que el filósofo tradicionalista italiano Julius Evola se limitaba a señalar el ca­rácter colectivo y, en cierto sentido, abstracto del erotismo y del tipo de fascinación que se concentra actualmente en los ídolos femeninos más recientes, en una atmosfera alimentada de mil maneras:  cine, revistas ilustradas, anuncios de tv,  espectáculos, concursos de belleza y demás.
Acá la persona real de la mujer es frecuentemente una especie de soporte casi enteramente desprovisto de alma, usada hasta para vender aspirinas y aspiradoras, un centro de cristali­zación de esta atmósfera de sexualidad difusa y crónica, de tal modo que la mayor parte de las estrellas de rasgos fascinantes, mujeres fatales como las ha popularizado el séptimo arte, en realidad, como personas, tienen cualidades sexuales muy mediocres y decadentes, siendo su fondo existencial, más o menos, el de mujeres ordinarias desviadas, con rasgos neuróticos y por lo mismo insatisfechas hasta la madre. Respecto a ellas, ha sido empleada muy justamente la imagen de las medusas con sus magníficos colores iridiscentes que se reducen a una masa gelatino­sa y se evaporan cuando se las coloca al sol, fuera del agua; el agua correspondería, en este caso a una atmósfera de sexualidad difusa y co­lectiva. Esta es la contrapartida en la mujer de esos hombres que se distinguen en la actualidad por su fuerza, por su masculinidad pura­mente atlética o deportiva, machos duros donde los haya, pero que, ay, igual que en el caso de la mujer se reducen a masa gelatinosa que se evapora nada más se les pone al sol. Es la atmósfera que se percibe en el último relato de este volumen, Fantasía de rabbit a dos manos: “Cierro los ojos porque la luz que entra por la ventana me molesta, pero no corro las cortinas porque imaginar que alguien nos observa provoca más punzadas en mi vagina. «I’m no good for you». Dice Lenny mirando a la american woman a los ojos y entra Johnny con su jeans roto y su sombrero de cowboy. «I am!», grita Johnny agarrándose la portañuela con una mano”…
De los múltiples ismos que asolan la psiquis presente surge la humanidad sin atributos, esa que da título a la novela del gran Musil, y si en la antigüedad las mujeres serían adoradas como diosas por hombres verdaderamente viriles, en la modernidad serían adoradas como muñecas por infelices fantoches. En el libro de Yovana vive una diosa, prosa precisa mediante, que reclama ser adorada y apuesta por el exorcismo final que nos regrese sin demora a la real religiosidad de la vulva victoriosa.

viernes, 21 de noviembre de 2014

Palabras de Denis Fortun en la presentación de Exorcismo Final, de Yovana Martínez


Exorcismo –del griego antiguo, para mí impronunciable, de ahí que use la versión romanizada de exorkismo- evento sobrenatural que mediante conjuros, ritos, y curas corajudos, se realiza para expulsar a una identidad maligna, sea de un ser humano, un animal, inclusive un objeto. En fin, se trata de un acto de fe que presupone, si resulta finalmente, la liberación de algo terrible que nos ha poseído.
Sin embargo, por mucho que me esfuerzo, no consigo visualizar a un sacerdote tal y como hiciese San Francisco de Asís contra los demontres de Arezzo, quebrando el embrujo que supuestamente ha reducido a Yovana desde su adolescencia.
Y es que ella, más que permitir el susodicho rompimiento del maleficio, con este cuaderno ubica a sus demonios en un estrato donde puede manipularlos, y hasta compartirlos.
Exorcismo Final, son las historias de una joven que alguna vez fue una inexperta, inocente, en medio de un entorno machista –hormonal e ideológico-, donde el amor no se presenta lo adecuadamente tierno, y en su primera tentativa figura como una suerte de avenencia puramente sexual que termina por aborrecer; descubriendo con anticipación lo ordinario de la vida; un toma y daca del que no siempre se sale con un saldo favorable.
Exorcismo final, un libro que un lector mojigato puede considerar escatológico, hasta horrible. Para mí, relatos con sobrada autenticidad que prorrumpen de los recuerdos más oscuros que habitan afinados en la memoria de su autora. Demonios con los que Yovana ha de convivir irremediablemente…




viernes, 13 de junio de 2014

¿Quién coño?

¿Quién coño le dijo a El que soy el puto salvavidas del Titanic
cuando soy el Titanic y veo el fondo del océano, inminente fondo
y a veces llueve tanto que no soporto su carga?
¿Quién coño le dijo a El que tengo que salvar
cuando yo misma no sé salvarme?
cuando tengo puertas entreabiertas frente a mí y no tengo GPS
cuando me paraliza el miedo, la soledad, la locura
cuando atardece y atardece, y no pronostican Luna Llena
cuando despierto humana y no sé reir
cuando no sé
simplemente no sé
no sé
¿Quién coño le dijo a El que soy el puto salvavidas del Titanic
y mi misión errante es misión?
¿Quién coño le dijo a El que confiara en mí
en mi fuerza
en mí?
¿Quién coño le dijo a El que soy el puto salvavidas del Titanic
cuando soy el Titanic
por los siglos de los siglos
el Titanic
barco fantasma repitiendo el path
año tras año de camino al icerberg
año tras año barco fantasma por los siglos de los siglos
de camino al icerberg
año tras año?
Sin remedio Titanic
¿Quién coño le dijo a El?
¿Quién coño?


jueves, 1 de mayo de 2014

Despedirse


Cuento para dormir a Carola cuando la noche llueve y teme a los rayos




Y entonces le cortaron las manos para que aprendiera a despedirse
pero la Reina protestó porque ya no podría
                                                                     (siempre protestaba como deporte)  
ni siquiera podría hacer las olitas esas pequeñas intermitentes impausables
y comenzaron a caer las criaturas marítimas de sus venas desangrantes boqueantes
y la Reina se horrorizó de la masacre a sus pies húmedos los pies la masacre
ni siquiera su madre la de él pudo calmarla con nanas en ruso
entonces le pintaron unas manos grandes brillantes multicolores las manos
pero cuando salía corriendo tras las eterolánguidas del Frío
tras sus cantos de flirteo se quedaban solitarias en el lienzo las manos
y era una catástrofe dijo la Reina masacre catástrofe y sonrió de rima
entonces le hicieron unas de papel cebolla transparente nítido que encandila
pero las despedazaba agitado
manos rasgadas al menor soplo de brisa y las criaturas marítimas intoxicadas
de comer el papel agitado despedazado
vino el músico de la Corte y entretejió unas manos de melodías complejas melodías
porque la complejidad gusta a las del Frío eterolánguidas viciosas de ferias
dijo él el desmanado porque mutilado le daba temblores y era suficiente no tenerlas
las manos
y además, la de adjetivos y sustantivos era ella la Reina
pero las melodías volaron alto como pajaritos imaginarios porque las nubes eran sexies
esponjosamente sexies y pálidas
así que decidió usar el logos esa zona activa excesivamente que colgaba de su cuello
(mucho incluso recordó ella la Reina)
se fabricó manos de logos porque necesitaba escribir y su computadora era sorda
vivía de escribir recuerdos del pasado vivía canon le decían amores pasados
pero las criaturas huyeron despavoridas ante el caudal del verbo
                                                                     (mucho incluso volvió a exclamar la Reina)
las criaturas marítimas digo huyeron despavoridas chakra activo
y las palabras tan liricosas se las lleva el viento liricosas palabras viento
lo típico
siguió desmanado no mutilado porque ya pautamos que le daban temblores
y comenzó a agitarse en olitas pequeñas intermitentes impausables grandes brillantes
multicolores transparente nítidas que encandilan
porque le daban temblores
sólo porque le daban temblores
la Reina gritó ¿te estás despidiendo? ¿aprendiste? y del susto logró que se enclaustrara
tímido se enclaustrara de cara a la pared en su rincón favorito
asustado de vehemencias intensas vehemencias asustado intensas las vehemencias
(¿era una redundancia? no sé dijo la Reina)
y la rabia de la ralladura
(así la llamaba él el desmanado no mutilado)
la rabia le construyó una torre de gruesas paredes estilo Rapunzel
la rabia le construyó porque él era desmanado y ya no construía
él no construía desdomesticado mutilado lo dijo en susurros porque le daban temblores
y se quedó allí eterolánguido en su rincón de enclaustramiento solo solitario
desmanado mutilado solo solitario
solitario
desasosegado
y cuando escuchaba voces se asomaba al ventanuco minúsculo se asomaba
y se agitaba en olitas pequeñas intermitentes impausables grandes brillantes
multicolores transparente nítidas que encandilan
pero era inútil
nadie lo veía ni aun cuando las criaturas marítimas brotaban en manatiales
de sus venas desangrantes brotaban y caian murmullosas por las gruesas paredes
nadie lo veía
ni siquiera los lobos después de comerse las ovejas aprovechando el tercer intento
del pastorcito travieso
ni siquiera los lobos que satisfechos aullaban a la Luna
esa que se escondía detrás de la torre de gruesas paredes estilo Rapunzel
que le construyó la rabia
esa que hacía la Sombra sobre sus manos inexistentes que no aprendían a despedirse
la Luna la Sombra las manos inexistentes amores pasados vivía mutilado vivía
pero la Reina recordó el manto tejido destejido a esperas y lo lanzó hacia arriba lo lanzó
mil veces lo lanzó hacia arriba hacia el ventanuco de la torre de gruesas paredes
lo lanzó
¿lo salvó? no sabemos aquí estamos esperando la saga la maldita saga.

Hay que aprender a despedirse Carola
porque las despedidas hacen lazos
esas cintas multicolores que bailan
cuando los recuerdos nos desasosiegan
y la única manera de entrelazar los recuerdos
en la canción de la Vida
es teniendo manos
porque a veces no hay quien escriba la saga
y nos salve de la Sombra.