sábado, 25 de septiembre de 2010

La furia, ese monstruo de cuatro cabezas.

Cuando era una niña y me poseía la furia, mi abuela Mima Europa, me daba un vasito ruso para que lo reventara contra la pared del vertedero y así poder tranquilizarme. Aunque no era un método muy ortodoxo, sí era muy eficiente. Y lo que mas me sorprendía, porque siempre creí que mi abuela era capaz de arrancarle con el cuchillo de cocina la cabeza a cualquiera, era que Mima Europa decidiera aniquilar en masa los vasitos rusos, en vez de masacrar familiares, amigos y vecinos. Y me sorprendía, porque los vasitos rusos como la carne en conserva, la col agria y el Osito Misha, eran símbolos de un país que ella reverenciaba por encima de todo, incluso por encima de su familia. Pero mi abuela era impredecible.
Los vasitos rusos eran yoga para la furia porque reventaban en un montón de pedacitos de cristal y sonaban seco como una bomba explotada bajo tierra. (Por favor, no quiero herir susceptibilidades, no tengo nada contra los vasitos rusos, soportaban muy bien el calor del café)
Con el tiempo se extinguieron los vasitos rusos y pasaron a ser reliquias celosamente guardadas, excepto en mi casa que terminamos comprando vasitos de ferretería. Al principio tuve la esperanza de encontrar un suplente, pero después de aniquilar varios tipos de vasos, me di cuenta que eran irreemplazables. A la furia, se sumó la desesperación, y llegué hasta robar dos vasitos rusos de casa de una amiga que al reventarlos escondida me dejaron una sensació de culpabilidad inmensa. Comprendí que me había convertido en asesina en serie de vasitos rusos y como los alcohólicos, debía entrar en rehabilitación. Pero antes, era necesario buscar otras terapias para evacuar mi furia.
Intenté de todo, morder almohadas hasta que me dolieran los dientes, encerrarme en el baño a despotricar contra todos, duchas frías, sexo loco, alcohol, pintarme el pelo de verde, intercalar malas palabras entre frases y en voz alta, ser friqui, sacar malas notas y hasta contestarle groseramente a mi padre, -en el intermedio hasta me lié con un grupo de amigos descontentos con el gobierno y hablábamos horas sin censura de "lo mala que estaba la cosa". Pero la furia seguía arrinconada entre las tetas como un monstruo de cuatro cabezas que las reproduce cada vez que le cortas una.
Un día llegué a hacer un forum de intercambio de métodos contra la furia entre mis amigos. Un conocido del ICRT me confesó que iba al Estadio a gritarle improperios al ampaya cada vez que había juego de pelota. Se sentaba detrás de Home y al primer error la emprendía con el pobre hombre a grito pelado, insultándolo y maldiciéndolo. Después caminaba hasta su casa porque no había guaguas, y llegaba directo para la cama a dormir como un bebé, decía que remedio santo, que después se pasaba hasta una semana lacio y feliz. Lo intenté pero después del primer grito, el ampaya me miró con cara de "si vuelves a gritar juro que te mato", y temí represalias, así que terminé con una abominable pizza del Latinoamericano en mi mano camino a mi casa y mas furiosa que antes.
Pasaron los años, acumulé relaciones, separaciones, diplomas universitarios, amigos, enemigos y hasta un curriculum adecuado, pero la furia seguía ahí, como monstruo de cuatro cabezas que era.
Un día, después de muchas aventuras (serán contadas la próxima vez), llegué a este país, y ahora-recién cumplidos los 40-, me doy cuenta que la furia ha desaparecido y le ha dado paso al cinismo, (entiéndase respuesta rápida cargada de veneno ante cualquier situación mas coraza blindada anti bombas atómicas). Ya no quiero "entrarme a golpes" con cualquiera al primer ataque de furia, ni siquiera extraño los vasitos rusos y gritar malas palabras en cada frase hasta perdió su atractivo. Incluso descubrí que manejar sin rumbo cuando mas encabronada estás, puede ser muy relajante y terminas descubriendo sitios mágicos que te recuerdan que en este país con una alta dosis de locos furiosos con fácil acceso a las armas de fuego, pueden existir oasis de calma que te permiten mirar sobre el hombro con cinismo a cualquiera que te replete los ovarios y pensar "pobre, quizás esté estresado porque no es feliz" (eso también lo aprendí que estrés es una palabra que pega con todo como el negro). Aprendí también, que el mejor antídoto contra la furia es contar tus bendiciones, porque incluso hasta después de unas relajantes vacaciones, puedes regresar al "real world" y encontrarte demasiado desempleado y en la mierda, y no pasa nada. El planeta sigue girando, los mismo hijoe'putas de siempre siguen mandando, la lista de millonarios no se reduce, el clima se sigue jodiendo y el índice de desnutrición no mejora en Etiopía por mas sesiones extraordinarias de la ONU que se hagan y ONG se creen. Cuentas tus bendiciones, dices una frase bien cínica sobre tocarle el culo al mundo si te viran la espalda y miras pal otro lado, porque quizás de ese lado haya mejor vista al mundo afuera. Pero eso irremediablemente lo aprendes cuando tienes un cementerio de vasitos rusos en tu alma, cuando las arrugas no se calman ni con Botox y ya el rojo vivo no te va con las canas... Se aprende cuando vivir tiene que ir suavizado con Advil Liquid Gel y Bengay... pero se aprende y te queda la satisfacción que le ganaste la batalla a la furia malaleche malnacida... pero se aprende... y que conste que no meto esta perorata porque tengo cáncer y me di cuenta que debo vivir corriendo cumpliendo mis deseos pendientes en mi "bucket list"... la meto porque a veces dos años pesan mas que una vida y hay cosas por las que no vale la pena luchar, aunque sea una de las cosas que mas ames... digo yo.

viernes, 30 de mayo de 2008

Otro muerto que me debe Fidel


Mi abuela murió esta tarde en Labana. Hacía 8 años que no nos veíamos. Y 6 años que no veía a mi padre cuando también se murió en Labana hace dos años. Esas dos muertes lejos de mí, me las debe Fidel Castro, porque no pude ir a enterrar a ninguno de los dos. El gobierno de Labana me mantiene castigada sin permitirme entrar a mi país. Mis únicos pecados contra el régimen cubano mientras viví en la Isla, fueron entregar el carnet de la UJC en 1990 cuando me cansé de formar parte de la farsa militante- uniformada a la que prácticamente me obligaron a entrar en mi adolescencia; relacionarme con intelectuales y artistas de pensamiento abierto -y diferente al expresado en el discurso oficial-; y desertar de un evento internacional de vídeos, al cual salí con visa gestionada por el Ministerio de Cultura -y pagada en su totalidad por mí-, en el cual sólo estuve 24 horas. Todo esto siendo miembro de una conocida familia comunista y después de haber sido, durante años, formada para integrar la vanguardia socialista de mi país. Al parecer, estos hechos son más que suficientes para que me impidan entrar a mi país a enterrar a mi abuela y a mi padre. Por lo menos enterrarlos, porque verlos en mucho tiempo no me lo permitió.
Debo confesar que cuando salí de Cuba, lo hice preparada para no volver a ver a mi abuela. Dos años antes, le habíamos celebrado por todo lo alto sus 80 cumpleaños con toda la familia. No es que mi abuela fuera una mujer frágil y muy enferma que fuera a morirse pronto, pero había algo dentro de mí, en lo más profundo de mi alma, que me aseguraba que nunca volvería a abrazar a aquella vieja mandona y autosuficiente. Porque no es que mi abuela fuera la mejor abuela del mundo, realmente tenía muchos defectos que no se esforzaba en esconder, incluso a veces bromeábamos con ella diciéndole que nos habían comido a la abuelita, dejándonos al Lobo Feroz en la casa, pero a pesar de su mal carácter, yo la amaba.
Cuando era niña y todavía la Revolución me impresionaba, mi abuela me hacía los cuentos de como la familia luchó en la clandestinidad y algunos, subieron a la Sierra Maestra, para bajar barbudos y montados en los tanques que entraron en Enero en Labana. Eran cuentos de personas humildes y semi-analfabetas que creían ciegamente en una causa, a la que todos invariablemente, les entregaron sus vidas mediante el esfuerzo y sacrificio durante años, la consagración se llamaba, hasta que murieron envejecidos y olvidados por un gobierno que nunca les pagó ni siquiera una atención médica de primera. Mi abuela era una de ellos. Muy joven junto a mi abuelo, se integró a la lucha del Movimiento 26 de Julio, entonces vivían en un cuartico de un solar en San Lázaro y San Francisco, y desde allí llevaban un ajetreo clandestino de bonos y brazalates del 26 de Julio, armas para la Sierra, dinero para materiales, y hasta leían a escondidas "La Carta Semanal". Mi abuela me hacía cuentos sin parar, mientras yo escuchaba embobecida sus historias del Ché, Camilo, y muchos más que ella admiraba inmensamente. Porque mi abuela era comunista de médula, su padre, mi bisabuelo, le había inculcado los cimientos de lo que sería después un fanatismo rojo desmedido. Entonces, cuando era niña y me educaban para ser parte de la vanguardia revolucionaria, yo admiraba a mi abuela y le prometía que cuando fuera grande, le escribiría un libro con todas sus memorias, esa mezcla de anécdotas de la clandestinidad, recuerdos de Galicia y lucha por sobrevivir en un mundo nuevo que le prometía un barbudo demagogo. Pero cuando fui grande, y descubrí que la Revolución tenía una oculta trastienda demasiado inmensa y llena además, de historias sangrientas, oscuras y escabrosas, primero me dió rabia con mi abuela porque la culpé de engañarme al no contarme la verdad sobre aquel gobierno, pero después comprendí que ella era también, otra víctima de la Revolución. Porque ella también vivió engañada por esa Revolución. Y lo más jodido de todo era que hasta su muerte cerebral, que fue mucho antes que su muerte clínica de esta tarde, ella vivió convencida que siempre hizo lo justo por una causa justa.
Pero a pesar de todo esto, de que mi abuela era más comunista que Lenin, y que muchos que la conocieron la odiaban por su intransigencia, sus informes de espionaje, y su trayectoria de lucha, ella era mi abuela, y ningún gobierno, ni gobernante, ni persona del mundo ya sea de izquierdas o derechas, podía impedirme que regresara a abrazar a la única abuela viva que me quedaba, esa pichona de gallega cascarrabias, esa vieja de muy mal carácter que estuvo lúcida hasta el último segundo, pero a quien quería muchísimo. Y que aún yo estando en el exilio, a millones de millas de distancia de su ideología y de su manera de ver la vida, todavía me gustaba conversar por teléfono con ella cuando llamaba a mi casa del Cerro, seguía escuchando, algunas veces bajo protesta, sus historias infinitas de familiares semi-desconocidos, héroes verdeolivos y añoranzas de una Cuba que ya no existía... digo yo.
PD. Espero que mi abuela descanse en paz, porque bastante agitada llevó su vida.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Cuentos de marcianos y chinos

Cuando era niña leía sin parar libros de ciencia ficción - la gran mayoría rusos por supuesto- y uno de mis grandes temores era que seres extraterrestes invadieran el planeta. Después Daína Chaviano cooperó bastante con estos miedos infantiles, y para rematar Ray Bradbury y "La Guerra de las Galaxias" completaron mis temores de una invasión marciana, por lo menos. Pero como dicen siempre, la realidad supera la ficción porque quién más alimentó mis fobias infantiles de invasión fue la Revolución donde nací, me crié y crecí. Gracias a ella no me quedó más remedio que crecer rodeada de las malditas invasiones que regresaban por montones, una y otra vez a mi vida, y que vuelvo a confesar, les tengo un pánico de muerte.
Les hago un breve recuento para que entiendan. A la primera fobia de ser invadida por extraterrestres, siguió la constatación en mi adolescencia de que estaba invadida desde hace tiempo por los soviéticos que ocupaban casi todo los rincones de mi corta vida, desde la ropa que usaba, y que era comprada por mi padre en sus viajes a la URSS, los libros que leía, la metodología de estudios que seguía, el nombre del Destacamento donde estudiaba mi auxiliar pedagógica y que era el ejemplo que nos obligaban a seguir, las medallas de pionera vanguardia que guardaba mi madre en mi nombre y que representaban a Lenin de niño, los juguetes que tenía, los muñequitos que veía en la televisión, los ballets que estrenaban, las películas infantiles del domingo en la mañana, los técnicos amigos de mi papá que visitábamos en el Reparto Naútico, hasta el programa de actuación que estudiaba en la ENIT... y lo peor fue que cuando aquella mañana de noviembre de 1982, cuando nos formaron en el patio de la beca para anunciarnos la noticia de la muerte de Brezhnev, lloré amargamente por alguien que sólo conocía de la primera página del Granma, de las noticias del noticiero cubano, y de visita a Cuba con pompa y ceremonia, pero alguien al fin y al cabo que sólo era el presidente de otro país como lo era cualquier otro en aquel momento, pero que en esencia no era mi presidente. Gracias a Dios un buen día se acabó la invasión rusa, justo cuando fusilaron a Ochoa, no es que la muerte de Ochoa acabó con la invasión rusa, es que no sé por qué razones del destino para mi el año 1989 es justo cuando perdimos la inocencia muchos de nosotros, los nacidos dentro de la Revolución, porque ese mismo año que fusilaron a Ochoa y se acabó la invasión rusa, comenzó una de las etapas más negras para los cubanos de la Isla: el período especial. Y ahí comenzó otra invasión en mi vida, la invasión de los turistas que comenzaron a llegar por toneladas a Cuba, sedientos de tabaco, ron y carne fresca, sobre todo, carne negra y mulata.

Decía que a partir de entonces muchos perdimos la inocencia porque poco a poco, empezaron a salir todos los defectos de la Revolución que durante años, el gobierno cubano trató de esconder, o maquillar, a través del cacareo de la prensa oficial, de las grandes exportaciones de sloganes a otros países de Latinoamérica, y de programas televisivos triunfalistas que consumíamos con cebollitas y col encurtidas, carne rusa, compota de manzana y vodka barato. La Revolución pasó de ser una puta con glamour, deseada por jóvenes bohemios y barbudos de todos los rincones del mundo, penetrada sexualmente por blancos rubios del CAME que la compraban al precio de cargueros de petróleo mientras ella tímidamente sólo ofrecía unos cuantos saquitos de azúcar, a ser una puta de bajeza, que se acostaba con cualquiera que diera a cambio un plato de comida, una latica de cerveza y un "blumer" barato. Retornábamos a la época de la colonización donde los españoles ofrecían espejitos y baratijas a cambio de mano de obra, bien barata.

Gracias a Dios otra vez, explotó aquello en 1994 y a la invasión del momento, la opacó otra invasión: la de los balseros cubanos hacia Estados Unidos. Pero que los cubanos se fueran por miles hacia Miami, no impidió que siguieran las invasiones en Cuba, porque detrás de la invasión de turistas de todos tipos: españoles, alemanes, italianos, canadienses, etc., etc., etc., vino la invasión de jineteras, chulos, y vendedores de todos tipos y de todas cosas. Que por cierto, todavía no ha terminado.

Cuando salí de Cuba creí que los temores a invasiones quedarían atrás, y todo iba racionalmente bien hasta ahora que regresaron mis fobias infantiles de invasión, y creánme que Hollywood no tiene la culpa con sus películas apocalípticas sobre el exterminio de la raza humana por una epidemia creada en una laboratorio gringo, o la venida de seres verde-grisáceos pegajosos y asquerosos, o una guerra con muertos-vivos que comen gentes y convierten a sus víctimas en cadáveres sedientos de sangre, o una guerra provocada por musulmanes terroristas que invaden este país después del apocalipsis del 9/11. La culpa ahora la tienen los chinos.

Por culpa de los chinos ahora cuando compro cualquier cosa, desde ropas hasta juguetes para mi hija, miro la etiqueta para leer el "Made in...", y pensarlo dos veces antes de comprar algo hecho en China, porque quiero evitar a toda costa la invasión de los chinos. Y no crean que estoy alucinando o escribiendo un cuento de ciencia ficción, pero es que realmente los chinos se han convertido en invasión anunciada, sino me creen vuelvan a ver "Blade Runner" y diganme quienes son la multitud que se aglomera en la ciudad: chinos. Ridley Scott lo sabía y desde entonces lo anunció: los chinos invadirían nuestras vidas.

Y tanto he remaldecido de los chinos cada vez que salgo de compras, o veo las noticias de fábricas chinas, progreso y desarrollo chino, que cuando me levanté hace unos días y leí que un terremoto había arrasado en China, me sentí culpable. Rápidamente pensé que Dios había escuchado mis lamentaciones y súplicas, y decidió de un solo movimiento de tierras acabar con miles de chinos a la vez para que no siguieran invadiéndonos. Encendí mi vela inmediatamente e hice un acto de arrepentimiento, un mea culpa que salvara a los chinos y los retornara felices a su tierra, sin grietas profundas, sin destrucción, sin sangre y sin dolor. Además, de una dura penitencia y de enviar ayuda monetaria a China, pedí y pedí por ellos, pero por si acaso no grito tan alto pidiendo clemencia, porque va y Dios se emociona, y vuelven los chinos a tomar fuerzas y a invadirnos... digo yo.

miércoles, 14 de mayo de 2008

Deserciones y desesperaciones


Cada cubano exiliado tiene detrás una historia increíble sobre su salida de la isla y la llegada a tierra nueva. En cualquier parte del mundo donde me encuentro con cubanos, siempre terminamos intercambiando anécdotas, y los detalles muchas veces son realmente escabrosos y violentos.
Hace semanas participé activamente en una de estas historias. Todo comenzó cuando me llegó un email de Antonio Maceo y por poco me infarto pensando que el mulato general me estaba contactando desde el más allá. La primera pregunta fue ¿por qué entre tantos cubanos, el Titán de Bronce me tenía que escoger precisamente a mi?, así que picada por la curiosidad, abrí inmediatamente el mensaje para chocar con un desesperado pedido de auxilio escrito en clave medio indescifrable y enviado por un buen amigo médico que llevaba varios días escondido en una casa en Maracaibo, Venezuela porque había desertado de la misión Barrio Adentro donde llevaba casi dos años. Había pedido asilo en la Embajada Norteamericana, y estaba a la espera de que lo llamaran confirmándole que había sido aprobado. Llevaba muchos días escondido y desesperado sin respuesta alguna, y decidió pedirme ayuda. Su familia en Cuba no sabía nada de su paradero y éramos pocos, para no decir que casi ninguno, quiénes sabíamos de su odisea. El y yo comenzamos a intercambiar mensajes en un lenguaje en clave que establecimos en la marcha, adivinando los significados de las frases y suponiendo muchas otras -una habilidad que adquirimos todos los cubanos que nacimos y vivimos dentro de la Revolución, y que terminamos llevando a cuestas a todos lados, un lenguaje de frases que aparentemente no dicen nada pero que significan mucho-. Mi amigo esencialmente quería tener a alguien aquí afuera que podía ayudarlo en un momento de desesperación, y además mantener comunicación constante con el exterior mientras esperaba en su escondite, y como hace mucho tiempo pasé por una experiencia similar antes de llegar a Miami, pues él sabía que yo entendería sus necesidades y además, podría darle buenos consejos y frases de aliento en esos momentos que uno piensa que nunca verá la luz al final del túnel y piensa también, que todos se olvidaron de ti dejándote varado en esa tierra de nadie, lejos de tu familia, de tu tierra y de la salvación.
Mientras él esperaba escondido en Maracaibo, yo inicié el vía crucis de buscar ayuda en las fundaciones, organizaciones y congresistas del exilio que siempre uno ve en las noticias con historias similares, ayudando al necesitado con la mayor animación del mundo. Pero en la vida real, el camino no es tan fácil. Después de conseguir los números telefónicos adecuados de las organizaciones que podían ayudar a mi amigo, empecé con las llamadas diarias y constantes para lograr que alguien escuchara la historia de mi amigo desertor escondido en un lugar desconocido de Maracaibo. Siempre recibía las mismas respuestas: tomamos nota del caso, por favor si nos puedes enviar más información por email para poder mandarle cuanto antes una respuesta... y la respuesta no llegaba, por lo menos no con la prisa que necesitábamos mi amigo escondido y yo, que quería ayudarlo a toda costa porque conozco bien de cerca la desesperación que le entra a uno cuando está varado en un país desconocido que usa de puente para llegar a Miami. Creánme que en unos días toqué muchas puertas, llamé a muchas personas y siempre recibía las mismas respuestas de que estamos trabajando en el caso.
Había días que mi amigo se derrumbaba y me confesaba que pasó la noche llorando, encerrado sin saber que canal de televisión mirar, dando vueltas entre la cama y las cuatro paredes de su encierro, sólo salía a comprar comida cada dos o tres días, y a visitar un cibercafé donde revisaba su correo electrónico a nombre de Antonio Maceo donde sus dos o tres amigos que conocíamos la historia, les escribíamos puntualmente para que supiera que aquí afuera existían personas interesadas en él.
A la misma vez, comencé a servir de puente de información entre su familia en Labana y él, recibía sus mensajes en clave y los re-enviaba a Cuba, con mis comentarios en clave también, era una cadena desesperada de noticias y mensajes entre Maracaibo, Labana y Miami que seguro que seguían consternados los agentes de seguridad en la Isla como si fuera la telenovela del día, acostumbrados a disfrutar historias ajenas que los distancie de su sufrimiento doméstico, que seguro le reprochan diariamente sus esposas.
Finalmente la Embajada Norteamericana lo citó y ahí fue otro vía crucis, salir del escondite para llegar a Caracas a entrevistarse y recoger todos los documentos, fueron tres días desesperantes, llamando a toda hora a su celular para saber que estaba bien y que ningún testaferro del gobierno cubano, de los que me aseguró abundan en Venezuela, lo había descubierto y denunciado, porque además, los cuentos de horror sobre denuncias y extradicciones para la Isla de los desertores de las misiones internacionales, eran muchos y casi todos repletos de una fabulación terrible en vejaciones y maltratos. Gracias a Dios mi amigo fue y regresó sano y a salvo de Caracas y rápidamente, comenzó otro martirio, preparar el viaje a Miami.
El día señalado, un sábado a las 6 AM, probamos el buen estado de nuestros nervios y corazones, porque ese día sucedió de todo, desde que un agente de aduanas lo detuvo en el aeropuerto de Maracaibo pidiéndole un soborno a cambio de silencio, el avión sospechosamente tuvo una falla en el tren de aterrizaje que demoró horas la salida hasta los agentes de inmigración norteamericanos se portaron muy mal con el interrogatorio previo a la entrada al país. Finalmente pudimos darle la bienvenida a mi amigo en tierras de libertad (un eufemismo que le encanta a nuestros viejos del Versailles) y respirar tranquilos, a pesar de todo el sufrimiento, otro se le había escapado a Fidel Castro - y que me perdonen los que siguen luchando dentro de Cuba-. Mi amigo me ha puesto a pensar, porque pienso que es hora que empiece a recompilar las historias de mis amigos sobre su salida y llegada a "tierras de libertad", creo que sería un buen bestseller... digo yo.

viernes, 12 de octubre de 2007

Algo raro está pasando...

Algo raro está pasando ahora que septiembre y octubre se convirtieron en los meses de lluvia y Miami amanece inundado con un sol tímido y un calor húmedo que te come los huesos. Para empezar, el tirano Fidel Castro escribe de viernes en viernes unas Alzeheimer- Reflexiones por lo ajenas que son en analizar la realidad de su país, el mismo país del que no quiere retirarse de la Presidencia; y tal parece que el dictador en su convalescencia post-operatoria, fue poseído de algún cargo mundial que le permite reflexionar sobre la situación internacional meticulosamente y olvidarse que tiene el patio de la casa lleno de escombros, ruinas y hierba muy crecida. Y es que Fidel Castro se me parece cada vez más a un personaje de película de terror, de esos que matan y rematan en la escena final y en el reenganche, -o sea en la segunda, tercera y mil partes más- resurge vivito y coleando como quien mira llover; y ya saben que lo digo por las muchas veces que hemos celebrado su muerte y el muy hijo de mala madre nos paga apareciendo en pantalla cuando estamos en medio de la resaca. Y lo más gracioso, es que enseguida nos conectamos al televisor y aunque nos pasamos todo el tiempo buscando señales que nos prueben que el Diablo está muy mal al borde de la Pelona, seguimos hipnotizados con su figura, para bien o para mal. Ya hasta estoy creyendo aquella afirmación que hizo hace unos años de que viviría 120 más. Horror!
Y vuelvo con mi seguidilla de que algo raro está pasando porque mi abuela está en las mismas condiciones allá en la Habana, con 90 años en las costillas y negada a morirse, estuvo internada en terapia intensiva con un infarto cerebral y casi una sepsis en un pulmón. Nos despedimos de ella, -los que están dentro y los que estamos fuera- pero mi abuela renació de su cama de hospital como aquella ave bíblica y está en la casa bajo el cuidado de mi madre, comiendo como un estibador de puerto, haciendo sus interminables cuentos de siempre sobre la clandestinidad y la lucha revolucionaria, cuidando sus matas en la terraza, reconociéndonos a todos cuando llamamos y recordando, con una memoria precisa, la fecha de cumpleaños de cada miembro de la familia. Igual me alegro por ella por querer aferrarse a la vida porque eso me advierte de lo fuerte que son nuestros genes familiares.
Para seguir conversando con mis sospechas de que algo raro está pasando, vuelvo a las noticias, y recuerdo que el discurso Raúl Castro el 26 de julio pasado en Camaguey fue demasiado crítico, más bien diría que muy lejos de la tónica oficial de loas y celebraciones sobre los logros de la Revolución Cubana a los cuales estamos acostumbrados en estos 50 años. Criticó la situación del país reconociendo que los salarios son bajos y que el principio socialista de distribución sobre la base del aporte personal a la sociedad no funciona -50 años y el derrumbe socialista de Europa necesito el hermano del Fulano para reconocer el error del engendro socialista criollo-, pero no apro ahí, siguió con fuertes críticas al estado de la agricultura y para colmo hasta habló de la posibilidad de cambios estructurales y de conceptos dentro de la Revolución. Según me cuentan, desde ese día no se habla de más nada en la Isla y las especulaciones de lo que está sucediendo en las reuniones a puertas cerradas de los militantes del Partido -entiéndase comunista que es el único Partido permitido- donde siguen discutiendo el dichoso discurso, van de casa en casa y de barrio en barrio, haciendo temer a todos los cubanos de "a pie" -como gustan decirles en el exilio- de que andan cocinando una nueva variante del socialismo criollo, algunos hasta afirman que estará más remendada que la última versión del Coma-Andante cuando inició aquella batalla de rectificación de errores.

De cualquier manera, sigo diciendo que algo raro está pasando ahora que a Carlos Varela le ha dado por dedicarle públicamente canciones a los peloteros Kendry Morales y el Duque Hernández, y hasta se atrevió a hablar de libertad diciendo: "La libertad de los seres humanos nunca puede ser a medias. La libertad es única, y se tiene o no se tiene. Porque si sólo es a media entonces no se tiene verdaderamente", dejando a todos en su concierto de Santa Clara con el miedo reflejado en la cara por el temor de que el espíritu del Che saliera del vagón descarrilado del tren para regañar al trovador irreverente, porque esos comentarios dentro de la Isla se perdonaban en la Casa del Joven Creador o en la Casa de la Música, pero nunca en un concierto multitudinario y mucho menos en Santa Clara, una de nuestras heroicas ciudades.
Y precisamente hablando de ciudades heroicas vuelvo a repetir que algo raro está pasando porque hace unos días en Santiago de Cuba cerca de 300 jóvenes universitarios se tiraron a la calle a protestar por la decisión de separar a las mujeres de los hombres en las becas (para los no cubanos, entiéndase internados) y que al final, lo que comenzó como una protesta contra la mala decisión de la Rectora de la Universidad, la Dra. Zaida Valdés Estrada, terminó en una manifestación enfurecida protestando por todas las carencias económicas de la Universidad: mala alimentación, escasez de agua en los dormitorios y falta de iluminación. Pero la cosa no paró ahí, los estudiantes enfurecidos comenzaron a golpear el carro de la Rectora y al día siguiente se lanzaron a las calles otra vez pero con carteles y consignas pidiendo más apertura en la Universidad, y precisamente en Cuba la palabra "apertura" es considerada mala palabra por lo que todo terminó con un "pase obligatorio" para los estudiantes que al regresar de sus casas, se encontraron con los "segurosos" invandiendo el lugar y la mayoría de los problemas resueltos como por arte de magia, incluso la comida aseguran que ahora es mejor que en los hoteles, pero -siempre hay un pero en cada historia-, también se encontraron con fuertes rumores de expulsión y acusaciones en tribunales para los estudiantes ¿malas cabezas? que incitaron a las masas y en Cuba cuando el río suena con rumores, seguro que las piedras que trae caen sobre alguien. Dicho y hecho, la semana pasada el recinto universitario se tiró a la calle en una "masiva marcha combatiente" presidida por el Primer Secretario del Partido en Santiago de Cuba Misael Enamorado para confirmar que la Universidad seguía fiel a los ideales revolucionarios y segura estoy, que este 'fervor revolucionario espontáneo" es sólo el principio del fin de la rebelión estudiantil santiaguera, aunque mi seguridad confieso, no es 100% segura -y no me importan las redundancias- porque como vengo repitiendo desde el principio en esta conversación esquinera, algo raro está pasando y debe ser por el fenómeno de la Niña que cuentan por ahí que este año nos trae un invierno bien caliente y seguro que ya la noticia tiene a todos muy nerviosos en Palacio, haciendo cábalas detrás de la Raspadura al pie del monumento del Apóstol. Y si no me creen, esperen a ver que pasa porque como dice mi jefe: se verán "errores" y yo sé que algo raro está pasando... digo yo.

lunes, 24 de septiembre de 2007

Mi padre y yo, o El cuento de la garza y la cigueña

Dedicado a mi amiga Deyánira que me exigió escribir porque extraña mis conversaciones de esquina...
Mi padre se murió sin conocer a su única nieta y Miami. No es que mi padre estuviera muy interesado en conocer Miami, pero es que su única nieta nació y vive en esta ciudad. Y siempre tuve la esperanza que quizás mi padre conocería Miami cuando viniera a conocer a su única nieta, pero mi padre se murió sin mostrar nunca el más mínimo interés en venir a Miami porque mi padre era comunista, y aunque nos amaba con locura y estaba loco por conocer a su única nieta, Miami era para él la cueva de los contrarevolucionarios, así que mi padre se murió con la esperanza de que algún día yo regresaría a la Habana con mi hija de la mano, para que él pudiera conocer a su única nieta. Pero yo tampoco mostré nunca mucho interés en regresar a un país que no me aceptaba, ni tampoco me deja entrar llamándome traidora, sólo porque un día me fui al no resisitir más aquel régimen de ahogo. Así que mi padre se murió un buen día intentando construir el socialismo o el comunismo, ya ni sé bien que cosa es lo que pretende el gobierno tiránico de Fidel Castro construir en Cuba, y yo me quedé desolada cargando la culpa de que él nunca conoció a su única nieta. Y cada vez que lo pienso, recuerdo aquella fábula de la garza y la cigueña donde ninguna de las dos cedía para ir a ver a la otra con quién estaba peleada.
Ahora mi madre está sola en Cuba cuidando de mi abuela enferma, y a veces pienso si debo seguir en la posición de la cigueña, sin querer regresar a un país donde su régimen dice que yo no le pertenezco -a pesar de que es mi país natal- y donde ocurren diariamente tantos atropellos a los derechos humanos. Quizás debía ceder y regresar con mi hija de la mano para que conozca a su abuela y bisabuela, y también a toda la multitud de tíos, primos y parientes que dejé en la Habana; para que conozca también donde está enterrado su abuelo al que no pudo conocer personalmente -de paso yo también sé donde está enterrado mi padre-; y además para que sepa que Cuba no es la Atlántida, aquel país de leyendas tan lejano como el Paraíso, sino una isla real, repleta de cubanos como sus padres y de donde vienen todas esas canciones que les cantamos y bailamos, todos esos sabores que diariamente intentamos reproducir en cada comida, todas aquellas palabras que repetimos sólo para que no nos entierre el olvido, en fin para que sepa que no vinimos de la nada, sino que tenemos raíces bien fuertes en algún lugar de este mundo, diferente a esta mezcla de nostalgias, recuerdos y controversias que es Miami, su ciudad natal. Pero no sé si deba regresar a Cuba y me debato diaramente en la indecisión porque sucede que mi madre tampoco está muy interesada en conocer Miami, ni siquiera aceptó la idea de sacar el pasaporte para que yo le pidiera una cita en la Oficina de Intereses en la Habana y solicitara una visita a los Estados Unidos. Mi madre también es comunista, aunque es más pragmática que mi padre y entiende mejor la posición de aquellos que están opuestos al régimen de Castro. Será que es mujer, y las mujeres cubanas -dentro de la Isla- llevan sobre sí la carga diaria de no dejar naufragar la barca de Noé en que se han convertido los hogares cubanos. Mi madre siempre me escuchó mis reproches, mis quejas y mis desvelados descontentos contra la Revolución, trató de convencerme de que me quedara en Cuba y una vez que salí, intentó por todos los medios y argumentos que me quedara en cualquier parte de este mundo, menos ir a recalar a Miami, porque mi madre también piensa que Miami es la cueva de los contrarevolucionarios, aunque nunca, a diferencia de mi padre, me lo dijo abiertamente.
A veces me enfurezco -realmente debía usar otra palabra mucho más fuerte- y le echo la culpa a la Revolución Cubana de mis contradicciones, es una manera de purgar todo esta lejanía que sufro desde que salí de la Habana y que trato de disimular adaptándome y construyendo una nueva vida, una nueva familia y un nuevo hogar, sin darme oportunidad ni tiempo a llorar nostalgias. Entonces le hablo a la Revolución Cubana como si fuera esa puta sucia que nos traicionó y además, nos contagió de una enfermedad vénerea incurable, porque realmente nos traicionó. Y no solamente a mí que fui criada para formar parte de su vanguardia y hoy camino llena de contradicciones entre varias generaciones de cubanos en el exilio tratando de encontrar un lugar propio y luchando contra los prejuicios e intolerancias de una generación que abandonó Cuba en los años 60, y nos ve a nosotros, los nacidos dentro de la Revolución, como bichos rojos enfermos de socialismo. Sino que la Revolución Cubana, esa puta sucia, también traicionó a mi padre que le entregó su vida y al cuál obligó a renunciar a su hija, aunque él nunca se doblegó a esas peticiones y murió enfrentando a todos aquellos que osaron criticarlo; también traicionó a mi madre que desde los 9 años le sirvió como una adolescente enamorada entregándole años, alma y corazón, y además, traicionó a mi abuela que luchó en la clandestinidad del Movimiento 26 de Julio y hasta hoy, a sus 90 años, cree fervientemente que Fidel Castro es Cristo reencarnado en la Tierra aunque tenga que comprar los productos diarios para vivir con los dólares y los euros que les envían sus nietas para que siga sobreviviendo dentro de la Revolución que idolatra.
Disculpen, me desvié un poco de mi idea inicial y es contarles si finalmente rompo con mis contradicciones y decido, si debo seguir atrincherada como la cigueña de la fábula, sin ceder en mi negativa de regresar a Cuba, mi isla añorada, y seguir esperando a que un día mi madre se decida, entregue el carnet del Partido Comunista, saque su pasaporte y venga a conocer a su nieta, y de paso para que conozca esta ciudad, la cueva de los contrarrevolucionarios, y se dé cuenta que no es tan mala como la pintan, que es sólo una ciudad llena de cubanos que diariamente luchan por vivir dignamente en libertad y sacar adelante a su familia, tal y como hubiéramos querido haberlo hecho allá, en Cubita la Bella y que aquel tirano, no nos dejó. O simplemente debo ceder, y regresar de visita a mi querida Isla con mi hija de la mano. No sé, mientras tanto sigo rezando para que aquél dictador acabe de joderse y morirse, y quizás los de allá y los de aquí, muerto el perro se nos acaba la rabia, y empecemos a sanar heridas y repartir perdones -y de paso perdonarnos nosotros mismos nuestras contradicciones- para unirnos nuevamente como un sólo pueblo, que pueda pensar libremente, sin miedos, ni tiranías que nos obliguen a desterrarnos de alma y cuerpo... digo yo.
Mañana conversaremos de la última aparición del Coma-Andante hablando de cualquier cosa menos de la realidad de su pueblo...

viernes, 7 de septiembre de 2007

Eliana la telenovela miamense del momento

En el 2000 salí de la Habana en medio de las protestas y las marchas multitudinarias exigiendo que devolvieran a Elián el niño balsero, y entré a Miami en el centro de una violenta protesta general por retener a Elián en los Estados Unidos, lo demás es historia que ahora se repite en menor escala, siete años después. Otra vez Miami y el exilio cubano andan revueltos por la batalla judicial por la custodia de otra niña cubana. La pequeña de cuatro años, y de la cuál no revelan el nombre por motivos de seguridad, pero a la que todos llaman Eliana, está en el centro de las noticias por el juicio que desde una semana se lleva a cabo en un tribunal de familia de Miami, enfrentando al padre de la menor, Rafael Izquierdo, -quién viajó desde Cuba para el juicio y que según él es un campesino cubano que cultiva malangas y cría puercos en Cabaiguan-, contra los padres adoptivos Joe Cubas y su esposa María, un conocido agente de varios peloteros cubanos, y a quién la madre de la niña, Elena Pérez dio en adopción temporal después que el Departamento de Niños y Familias de la Florida la declarara incapacitada mentalmente por intentar suicidarse en diciembre del 2005, agobiada por problemas económicos y una depresión profunda. El caso comenzó en secreto hace varios meses atrás, pero ahora inunda la primera plana de las noticias, y es seguido capítulo por capítulo, como si fuera una novela por entregas de cualquier periódico local o una telenovela de moda.
En tan sólo una semana el caso se ha enredado bastante y les cuento, primero fueron las duras declaraciones del medio hermano de la niña, un adolescente de 13 años que sí fue adoptado oficialmente por la familia Cubas a petición de su madre Elena. El niño alegó que su madre los maltrataba física y verbalmente, contó detalles de fuertes momentos de violencia doméstica en su casa donde abundaban las palizas por nigún motivo, los halones de pelo, los palos, los golpes y las nalgadas. Incluso, llegó a narrar con pelos y señales lo sucedido el día que su madre intentó suicidarse frente a ellos. Y para concluir esa jornada, su madre Elena Pérez declaró que todo eran mentiras exageradas y hasta leyó un poema pidiéndole perdón a sus hijos. Fue una jornada muy emotiva repleta de lágrimas.
Después, vinieron dos días completos interrogando a la madre de la niña, quien sorpresivamente soltó una bomba al declarar que no eran verdaderas las cartas entregadas como evidencia, y que fueron supuestamente enviadas por el padre probando que había comunicación e interés por su hija. Como también, según Perez, son falsas las fotos de la niña montando bicicleta, mas bien no corresponden a la fecha que dice la carta que fueron enviadas. Estas revelaciones, por supuesto que dieron mas cuerpo al escándalo telenovelero, y desencadenaron acusaciones de perjurio, fraude, fabricación y manipulación de evidencias contra Rafael Izquierdo el padre de la niña, y sus abogados.
Pero el asunto no termina ahí, porque se sazona con los antecedentes de los dos abogados que representan al padre de la niña y que le fueron recomendados-muy amablemente- por la Oficina de Intereses cubana en Washington, cuando el guajiro pidió ayuda para viajar a Miami y recuperar a su hija. Los dos personajes en cuestión son Ira Kurzban, un célebre abogado quién es especialista en inmigración y tiene nexos conocidos con gobiernos izquierdistas en Haití y Nicaragua, ytambién -y esto en Miami es peligroso- con el gobierno de Fidel Castro; y su esposa la abogada Magda Davis Montiel, detestada por la comunidad cubana miamense por aquel beso que le dio al tirano Castro hace muchos años comentándole que lo admiraba como a un maestro. No tengo que decir que con menos que eso, era suficiente para que los cubanos de Miami tuvieran sospechas de conspiración desde la Habana con este caso y acusaran al gobierno comunista de la Isla de orquestar otra farsa politica con niño incluido para repetir la historia de Elián.
Pero la telenovela de Eliana se complica aún mas, cuando después fueron presentados los informes de los dos terapeutas que analizaron a la niña en sus encuentros semanales supervisados con su padre biológico, y que por supuesto, se contradicen. Mientras uno afirma que la relación entre el padre y la hija es cada vez mas agradable y marcha viento en popa; el otro asegura drásticamente lo contrario, llegando a afirmar que la niña un día se negó incluso a salir de la casa de sus padres adoptivos para encontrarse con su padre.
¿Creyeron que la cosa termina aquí? De eso nada, detrás del telón están las declaraciones constantes a la prensa de la familia Cubas, repletas de fuertes mensajes contra los padres de la niña. Y para rematar, anoche en el programa "A Mano Limpia", del Canal 41 de Miami, fue invitada Elena Perez la madre de la pequeña, quien muy conmovida, y a insistencia del presentador Oscar Haza, pidió ayuda material a la comunidad para recuperar la custodia de sus dos hijos. O sea, que ahora surgió la posibilidad de que la niña no vaya a Cuba con su padre, ni se quede en Coral Gables con su familia adoptiva, sino que si la comunidad coopera y le dona a Elena Perez todo lo necesario para proporcionarle a sus dos hijos un bienestar económico seguro, esta luchará para recuperarlos.
En fin, que al parecer habrá telenovela para rato y en el medio de todo, está la comunidad cubana de esta ciudad - tan polémica con estos asuntos,- a la espera de ver hasta donde llegará este circo judicial, para ver si es necesario convocar a todas las fuerzas políticas del exilio para que asalten las calles miamenses pidiendo que dejen a Eliana en suelo norteamericano. Sólo que esta vez los cubanos son mas cautelosos en la protesta, porque la herida de Elián todavía duele cuando llueve y cuando celebran el cumpleaños del Tiranosaurio Castro en la Isla y sale el alguna vez balserito cubano Elián sonriente cantándole "Feliz cumpleaños" al Comediante en Jefe.
Por lo pronto, yo pienso que la niña debe estar con sus padres biológicos, cualquiera de los dos que tenga la estabilidad mental para criarla en un ambiente sano, pero no quiero especular sobre un final para esta telenovela, mientras tanto seguimos atentos y pegados diariamente a cada capítulo de nuestra telenovela del verano Eliana, que promete ponerse mas interesante... digo yo